Cobo-Granados: no llegó la sangre al río

Con poca representación de la política nacional pero los salones absolutamente llenos, se celebró en la Real Casa de Correos la recepción institucional del Día de la Comunidad. Los protagonistas, los dos segundos espadas local y regional y su cara a cara no resuelto

SARA MEDIALDEA | MADRID
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Ni siquiera llegaron a desenfundar. Ya lo dice el refrán, «días de mucho, vísperas de nada». El vicealcalde Manuel Cobo y el consejero de Presidencia, Francisco Granados, no alcanzaron a cruzar ni un saludo durante la recepción del Día de la Comunidad, que se celebró ayer en la Puerta del Sol.

La expectación mediática era mucha: después del cruce de críticas de los últimos días -con Cobo quejándose de que la Comunidad se pusiera al lado de los acusados en el caso de presunto espionaje que sufrió, y Granados sugiriéndole que pidiera perdón-, se esperaba un choque de trenes en toda regla.

Pero no fue así: Granados se marchaba de Sol antes de finalizar el acto porque debía asistir en Móstoles a otro, y cuando comenzó la recepción aún no había regresado.

De hecho, antes de que se iniciara el besamanos, entraron a la Real Casa de Correos el vicepresidente del Gobierno Manuel Chaves, y el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón. Y cuando Esperanza Aguirre se dispuso a saludar a sus invitados, entre los primeros que se colocaron disciplinadamente en la fila estuvo Manuel Cobo. Que cruzó con la presidenta varias frases en un saludo no especialmente afectuoso.

La prensa le seguía: «¿Se va a encontrar con Granados? ¿Qué le dirá?». Pero él, gran aficionado al fútbol, demostró también saber algo de toreo: «Lo que digo es que ojalá hoy el Real Madrid gane al Osasuna, así se anima la Liga». No desveló qué palabras cruzó con Aguirre: «Ella suele contar lo que se dice, yo no».

Mario Vargas Llosa apenas se quedó al acto, aunque sí lo hicieron el director de ABC, Ángel Expósito, la teniente de alcalde Ana Botella y el presidente de la Fundación Dos de Mayo, Fernando García de Cortázar. Rafael Simancas repitió un año más en la sede de Sol, y no muy lejos estaban el portavoz socialista del Ayuntamiento, David Lucas, y el secretario general del PSM, Tomás Gómez, que nada más entrar pidió que le condujeran al aseo -aún no conoce la casa-, y a la vuelta comentó la «soledad de Aguirre».

Una soledad que ella desmintió: allí estaba, además del alcalde, la portavoz popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, y numerosos senadores, consejeros, diputados y concejales.

La bailaora Chunga, la artista Lina Morgan y el presentador José Manuel Parada coincidieron con Álvaro de Marichalar, el escritor Pedro Corral y el matrimonio Neira. Traje oscuro los caballeros, y señoras arregladísimas, algunas con tocados. Por eso llamaba la atención el informal atuendo de Zaryn Dentzel, delegado de la red social Tuenti, que lucía su galardón sobre una arrugada camisa blanca, que completaba con vaqueros y deportivas. Por cierto, que ayer la Comunidad estrenaba su twitter, desde el que se explicó al minuto cómo fue la recepción, menú incluido.

El poder de Rato

Adriano García Loygorri, presidente del Consejo Social de la Politécnica, departía en un grupo a escasos centímetros de Rodrigo Rato, presidente de Caja Madrid, al que abrían paso en todos los corros.

Cobo, ante la expectación mediática, bromeaba: «Me quedo hasta el final, hasta que cierren, para ver a Granados». Pero al rato se marchaba junto al alcalde y sin que mediara encuentro: ni una mirada cruzaron. Granados, eso sí, respondió a quien le preguntaba por su «duelo» que no fue: exigía que Cobo entregara pruebas del supuesto espionaje, y le pedía «guardar las formas con todos los compañeros y más conmigo, que soy su secretario general». Y le acusaba de estar «haciendo daño al PP». ¿Al de Madrid?, se le preguntó: «El PP es un nombre único; no se le hace daño a unos sí y a otros no».

El vicepresidente Chaves se dejaba querer, y aseguraba que los datos del paro «serán mejor en abril». Dios le oiga. Cerca, Diego López Garrido hacía corrillos. El presidente de la Fundación por el Progreso de Madrid, Francisco Herrera, charlaba con un histórico de la lucha vecinal, Félix López Rey, que, siempre en la brecha, «canapeaba» en busca de solución -en forma de inversión pública- para los campos de fútbol de Usera.