Cristina Cifuentes, junto a su abogada, frente a los escaños vacíos que suelen ocupar los diputados del PP en las comisiones
Cristina Cifuentes, junto a su abogada, frente a los escaños vacíos que suelen ocupar los diputados del PP en las comisiones - JAIME GARCÍA

Cifuentes, en total soledad, ante el interrogatorio más duro en la Asamblea por el caso máster

Declinó responder en la comisión que investiga las irregularidades por encontrarse el asunto en los tribunales

MADRIDActualizado:

2 de junio de 2017. Cristina Cifuentes, a la sazón presidenta de la Comunidad de Madrid, acude como compareciente a la comisión de investigación sobre los contratos de adjudicación de la cafetería de la Asamblea. No menos de 40 personas la esperan y le hacen un pasillo, arropándola y aplaudiéndola. Ayer, 6 de marzo de 2019, 21 meses después, Cifuentes, ex presidenta, ex diputada y ex afiliada al PP, vuelve a la Asamblea para comparecer ante la comisión que investiga las irregularidades en su máster. Entra desde el garaje, escoltada por policías y el único pasillo que se encuentra es el de la prensa. Cifuentes, más sola que nunca, no declaró, amparándose en que el caso está en los tribunales.

Sólo la acompañó el director general de relaciones con la Asamblea, Jorge Rodrigo, y su abogada. Dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía la escoltaron desde el garaje a la sala. Muy seria, conteniendo cualquier expresión y con la vista fija al frente, sin permitirse ni el más mínimo gesto hacia quienes la interrogaban, Cifuentes escuchó las preguntas de los diputados César Zafra (Ciudadanos), Eduardo Fernández-Rubiño (Podemos) y Juan José Moreno (PSOE). Del PP no escuchó a nadie, porque no acuden a las comisiones ni intervienen en ellas.

50 minutos de bombardeo

Durante casi 50 minutos aguantó impasible el bombardeo de los diputados: por qué tantos políticos coincidieron en un máster organizado por Enrique Álvarez-Conde; qué recibía él a cambio; si seguía manteniendo que su título de máster y sus calificaciones no estaban falseadas ni falsificadas; por qué no pedía perdón a los estudiantes por el daño causado; quién daba las órdenes para el trato de favor recibido... Aunque la tensión era evidente en su gesto, la ex presidenta mantuvo el tipo y sólo habló para explicar que todo lo tratado allí estaba en los tribunales, por lo que «ni debo ni puedo pronunciarme» porque lo que dijera colisionaría con su derecho a la defensa reconocido en la Constitución.

Tanto Zafra como Fernández-Rubiño se mostraron muy críticos con el «pacto PP-PSOE» que ha evitado que comparecieran también ante la comisión el líder del PP Pablo Casado y la ex ministra Carmen Montón. «Se cierra en falso la comisión», afirmó Rubiño. El socialista Juan José Moreno restó importancia a la crítica: «Son grupos incapaces de asumir que no tienen la mayoría».

Al terminar la sesión, Cifuentes se marchó igual que vino, sin dirigir una palabra tampoco a la prensa, que en su afán por arrancarle una declaración, incluso le preguntó si había visto el partido de fútbol del Real Madrid-Ajax de la noche del martes.

«¿No merece ni un saludo?»

Pero los mensajes que no dio de palabra los trasladó luego a través de las redes sociales: un tuit con una frase de García Márquez: «Recordar es fácil para el que tiene memoria, olvidar es difícil para quien tiene corazón». Y otro que rebotó, con clara intención recriminatoria: en él, una persona comenta: «Los diputados del PP de Madrid se han ofrecido a recibir a Cifuentes a su llegada si ella “«lo estima conveniente”... Hay que tener cuajo. Ha sido compañera durante años, y ahora no se merece ni un saludo al llegar salvo que ella lo pida? Qué poca elegancia».

Cifuentes ha ido desvinculándose de su partido desde su caída política: además de dejar todos sus cargos, la semana pasada se dio de baja –«temporal», dijo– en el PP. Su vida ha dado un vuelco de 180 grados: de ser una estrella ascendente en su partido, a quien incluso situaban en la carrera para suceder a Rajoy, rodeada de seguidores que competían por demostrarle su adhesión, ha pasado a rodearse sólo de un estrecho círculo de confianza, entre quienes se cuentan su marido y sus hijos, y antiguos colaboradores como Marisa González o Jaime de los Santos.

De su vida laboral, poco ha trascendido: tras dejar la política, en mayo de 2018 solicitó su reingreso en la plaza de funcionaria que tiene en la Universidad Complutense, pero en junio volvió a solicitar un permiso sin sueldo. En octubre ella misma comunicó, de nuevo a través de las redes sociales, que se había dado de alta en el Colegio de Abogados de Madrid.

Las últimas informaciones sostienen que estaría trabajando por cuenta propia; en todo caso, por su anterior cargo de presidenta regional madrileña se ve obligada a cumplir con un régimen de incompatibilidades enormemente restrictivo, lo que limita mucho sus posibilidades.