Un autobús invade el carril-bici de la calle de Francisco Villaespesa, ayer por la mañana
Un autobús invade el carril-bici de la calle de Francisco Villaespesa, ayer por la mañana - ISABEL PERMUY

Los ciclistas, en pie de guerra por los «peligrosos» carriles-bici de Carmena

Asociaciones y usuarios protestan ante la alarmante falta de seguridad que entrañan los nuevos carriles para bicicletas: «Los coches casi nos rozan»

MADRIDActualizado:

La revisión del Plan Director para la Movilidad Ciclista anunciada por el Ayuntamiento no marcha, precisamente, sobre ruedas. Varias asociaciones de usuarios han mostrado en las últimas semanas su fuerte rechazo hacia la política de segregación que planea el equipo de Carmena, cuyo último capítulo incluye ocho nuevos itinerarios de hasta 40 kilómetros de longitud, con un desembolso de casi 8 millones de euros.

A la espera de la aprobación de los presupuestos de 2017, el Gobierno de Ahora Madrid anunció públicamente el pasado 15 de diciembre la construcción de una red de carriles-bici por las calles de Monforte de Lemos, avenida de Burgos, Francos Rodríguez-General Perón, Alfonso XIII-avenida de Brasilia, Concha Espina-Ramón y Cajal, José Silva-Silvano, Parque del Retiro-Moratalaz, José Prat-avenida de las Comunidades, Méndez Álvaro-Convenio y Marcelo Usera-Rafaela Ibarra.

Esta decisión, que se une a las proyectadas en 2016 -en ejecucción hasta el mes de abril- sobre las rutas de paseo de Moret-Pintor Rosales, Puerta de Toledo-Antonio Leyva, avenida de Oporto-Eugenia de Montijo, Aniceto Marinas, avenida de los Toreros-paseo de la Castellana, Gran Vía de Hortaleza y Santa Engracia-Bravo Murillo, ha generado una ola de críticas ante la falta de seguridad que presentan. «La delimitación de la calzada o de la propia acera es un error garrafal puesto que el respeto mutuo que existe entre conductores y ciclistas ya es muy alto», advierte Carlos Enjuto, miembro de la asociación Madrid Ciclista.

Según denuncian, la polémica radica en que la masiva implantación de carriles-bici diferenciados excluye a las bicicletas del entramado circulatorio de la urbe. «El Ayuntamiento no se ha parado a pensar que en ciudades como Barcelona o Sevilla, que llevan años apostando por un modelo de segregación, el porcentaje de accidentes es mucho más elevado», inciden.

Este modelo -que Ahora Madrid ha puesto contra las cuerdas- radica en la estrategia de integración iniciada en 2008 bajo el Plan Director de Movilidad Ciclista de Gallardón. Aquel proyecto, diseñado con la idea de que la bici se convirtiera en un medio de transporte más, motivó la llegada de los llamados ciclocarriles 30. Calzadas donde la velocidad está limitada a 30 km/h, y en la que pueden circular tanto turismos como bicicletas. Esta medida, refrendada con la llegada del servicio de alquiler público BiciMad, en la etapa de Ana Botella, provocó un incremento de ciclistas sin parangón. «La ciudad pasó a ser un ejemplo para el resto de España. Íbamos en la buena dirección, pero ahora todo eso se está perdiendo», añade Enjuto.

«Cómete mi puerta»

Bajo el lema «Cómete mi puerta», son muchos los usuarios que denuncian a diario las deficiencias que se encuentran a golpe de pedal. Algunas, como los tramos en mal estado, la mala señalización o la aparición de farolas en mitad de los trazados, entran dentro del hoy abanico clásico de quejas existente en Madrid. Otras, en cambio, suponen todo un descubrimiento.

Es el caso de los nuevos carriles-bici pintados sobre la calzada en las calles de Francisco Villaespesa (Ciudad Lineal) y Aquitania (San Blas-Canillejas). En el primero, enclavado con apenas un metro de ancho entre los vehículos en marcha y los que permanecen estacionados, eleva sobremanera el riesgo de accidentes. «¿De verdad piensa alguien que vamos a circular por ahí? ¡Si poco más y te rozan!», cuestiona Javier, un vecino de la zona.

Más al este, en Aquitania, el desconcierto es similar. Un enigmático carril dibujado sobre la vía pone en jaque a conductores y peatones. «Por aquí pasan coches, gente corriendo... No sabemos si es para bicis, porque ni siquiera hay una marca que lo indique», sostiene un padre con sus dos hijos, que prefieren emprender su camino por la acera.

«Refugios ciclistas»

Desde la Concejalía de Desarrollo Urbano Sostenible, que dirige José Manuel Calvo, argumentan que ambos puntos entran dentro de los llamados «refugios ciclistas». «En las obras de rehabilitación de pavimentos, tanto de aceras como de calzadas, aprovechamos para hacer mejoras de accesibilidad y movilidad», justifican.

Con una explicación muy diferente al sentir de los que por allí transitan, aseguran que su implantación responde a una doble función de seguridad: «Como los carriles eran muy anchos, se ajustaron para dejar una banda entre el ciclocarril que proteja a los ciclistas de la apertura de puertas de los coches aparcados y, además, que en lugares con mucha pendiente les permita apearse y no sean presionados por los vehículos».

Sin embargo, según señala el grupo Madrid Ciclista, estos refugios «no favorecen la circulación a pedales ni tienen nada que ver con los ciclocarriles 30». «La defensa por parte del Gobierno municipal es que hay un tipo de usuario que tiene miedo a usar los ciclocarriles o la calzada y que estableciendo carriles delimitados aumentarán el número de usuarios. Pero no es así. El incremento de bicicletas ya se dio sin necesidad de carriles bicis. Está más que de sobra demostrado que no es necesario segregar la bici para promover su expansión», sentencian.