Las cenizas de las ilusiones

Tras el incendio, 200 vecinos de dos inmuebles tuvieron que ser realojados en tres hoteles. Muchos de ellos aún tardarán días en poder volver a sus domicilios, y algunos no saben aún qué va a pasar con sus viviendas

TEXTO: M. J. ÁLVAREZ / A. FERNÁNDEZ FOTOS: CHEMA BARROSO/
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MADRID. «¿Vamos a poder volver a nuestras casas?» El jueves por la noche, esa era la frase más repetida por los vecinos de las viviendas colindantes a la subestación de Fenosa en la que se produjo el incendio.

Doscientas fueron las personas que tuvieron que ser realojadas en tres distintos hoteles de la compañía NH; los gastos, por supuesto, a cargo de la compañía eléctrica, que junto al Samur Social, coordinaba las peticiones.

Con cuentagotas acudían los realojados a los hoteles. En el de Vergara, que estaba previsto que albergase a ocho familias, al final sólo durmieron diez personas. Cansados y desorientados llegaban los primeros, que por suerte habían encontrado una farmacia para comprar medicinas. Casi a las 12.30 horas, una familia rumana, cuyo hijo había preferido dormir en casa de un conocido, entraba en el vestíbulo.

No fue el único. Debido a la larga espera que tuvieron que soportar durante la tarde del suceso, muchos de los vecinos optaron por pernoctar en hogares de familiares o amigos. «Como estaba todo tan revuelto, llamé a mi sobrino y me fui a su casa», comenta María Teresa, una señora que vive acompañada de Felipa, una interna que cuida de ella. «Esta noche la pasaremos en el hotel», dice la mujer que la atiende.

En total, 78 familias tuvieron que ser realojadas en 113 habitaciones. Según el portavoz de Emergencias, «101 eran hombres, 80 mujeres» y tan sólo 19 niños, debido a que en estos inmuebles viven ancianos en su mayoría.

A las 11 horas de ayer, estaba previsto que los afectados pudieran regresar a sus viviendas. Según se acercaba la hora, las perspectivas empeoraban. La indignación comenzaba a sustituir al miedo y a la incertidumbre del día anterior. «Queremos saber qué pasa con nuestras casas, y aquí nadie nos dice nada», comenta Mercedes, una mujer que vive en el 26 de la calle Almadén.

Al mediodía muchos son los vecinos que ya han podido comprobar el estado de sus viviendas y recoger unas cuantas pertenencias, pero el proceso es lento. La tensión crece por momentos, y una joven pierde los nervios. «Dos horas tuvimos que esperar ayer para que atendieran a mi hermana. Esto es una vergüenza», grita. Los responsables del Samur y la Policía intentan calmar los ánimos, pero no es fácil. Es comprensible. Lo han perdido todo. «Hasta que no te pasa algo así no puedes entenderlo», comenta una madre que trata de calmar a sus hijas.

Pasan las horas, y poco a poco se va organizando la comida y las habitaciones de la noche siguiente. Ya saben que no va a ser tan rápido como pensaban regresar a sus hogares. Se arman de paciencia y se dirigen a los comedores. Los que se alojen en hoteles comerán ahí mismo, y para los que no disponen de luz, se han reservado 100 plazas en el comedor del hotel Carlton. Jimena es la única que acude a este comedor. «He desayunado en casa de una vecina, y ahora me han dicho que podíamos venir a comer aquí».

Por la tarde, el Samur Social continúa haciendo los listados de las personas que solicitan realojo otra noche. Muchos ya son conscientes de que en este incendio han perdido mucho más que un piso. «Quién nos iba a decir que nos iba a pasar esto...con la ilusión que hemos puesto en nuestras casas».