Una de las detenidas en la operación Siriux
Una de las detenidas en la operación Siriux - Guardia Civil

Cae una célula okupa de «lanzas» chilenos tras asaltar más de 40 casas

Los agentes apresaron a siete chilenos, dos colombianos, un marroquí y una española, especializados en el robo de viviendas habitadas

Madrid Actualizado: Guardar
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Más de 40 casas asaltadas en menos de lo que dura un permiso de turista (tres meses). Esta era la carta de presentación de los temidos «lanzas» chilenos, jóvenes llegados desde el país sudamericano para cometer una intensa campaña de robos y regresar de nuevo a la mayor brevedad. Sin embargo, la Guardia Civil truncó sus planes el pasado 7 de diciembre tras lograr la desarticulación de una de sus células más activas.

En el marco de la operación Siriux, los agentes apresaron a siete chilenos, dos colombianos, un marroquí y una española. Todos ellos conformaban un grupo perfectamente organizado y especializado en el robo de viviendas habitadas. Residían principalmente en pisos okupas -facilitados por la mujer española-, a fin de no revelar sus identidades en ningún establecimiento hotelero o piso de alquiler, hecho que dificultó sobremanera el trabajo de los investigadores.

Las pesquisas se iniciaron el pasado mes de abril, al detectarse un considerable aumento de este tipo de robos en la región -llegaron a cometer hasta 31 en viviendas de Boadilla del Monte, Torrelodones, Soto del Real, Villaviciosa de Odón, Paracuellos, Valdemorillo, Colmenar Viejo, Villalba, Alcalá de Henares y Madrid capital- y otras provincias como Segovia, Valencia, Sevilla, Málaga y Toledo.

Intercambio de roles

Tras analizar los allanamientos, la Guardia Civil comprobó que en todos se utilizaba el modus operandi propio de los conocidos como «lanzas» chilenos. Actuaban un mínimo de tres personas y siempre cuando no había nadie en el interior de las casas. Además, se intercambiaban constantemente los roles dentro del grupo: la elección de los objetivos, turnos de vigilancia o el transporte del botín.

Los objetos sustraídos tenían diferentes destinos. Por un lado, las joyas eran enviadas en maletas al país de origen o entregadas en un establecimiento de «compro oro», sin ningún tipo de registro ni control administrativo. Y por el otro, los aparatos electrónicos e informáticos eran recepcionados por una persona de nacionalidad marroquí que posteriormente revendía.

En los registros, practicados en Madrid y Getafe, los agentes recuperaron cientos de piezas robadas, así como dos pistolas simuladas y una gran variedad de herramientas para forzar puertas y ventanas.