Casa Ciriaco echa el cierre: el último capítulo de la taberna ilustrada de la calle Mayor

El histórico restaurante cerrará sus puertas a finales de mes, tras 121 años de historia

MadridActualizado:

La muerte de Ángel Chicharro en 2008 y de su hermano Godofredo (Godo), en 2016, dejaron definitivamente huérfana a Casa Ciriaco. Los dos taberneros, junto a la cocinera Amparo Moreno –que colgó el mandil el año pasado–, eran el alma de este «restaurant», que nació de una casa de vinos y que nunca dejó de ser taberna castiza. Sus grandes ausencias, pese al esfuerzo de su fiel equipo, han sido determinantes para ver morir poco a poco a uno de los espacios con más historia de Madrid. Y no sólo porque sus «vinos centenarios» hayan corrido por él desde 1897; sino por haber sido capaz de hacer igual de felices, en torno a un plato de gallina en pepitoria, a reyes y al más común de los mortales.

Sus últimos empleados recibieron una carta de despido el pasado 14 de junio y, si nada lo remedia, las míticas puertas rojas de la esquina de Mayor con San Nicolás no volverán a abrirse. Su actual gerente, Francisco Chicharro –sobrino de los anteriores dueños y conocido entre la clientela como Paco–, así lo ha comunicado a los trabajadores. «Dice que damos pérdidas. No nos ha dado más explicaciones. Tampoco quiere atender a la prensa», explicaba ayer uno de sus más veteranos camareros, visiblemente molesto, Santiago González.

Los empleados, a la calle

Con el portazo del próximo 29 de junio se cierra el último capítulo de un templo de la gastronomía popular madrileña que ha sentado a sus mesas a lo más granado de la sociedad de cada momento. «Hemos tenido el honor de servir a los reyes Don Felipe y Don Juan Carlos en varias ocasiones. Siempre ha sido el punto de encuentro de políticos, intelectuales, artistas o toreros en Madrid: Ortega y Gasset; el pintor Zuloaga; Pastora Imperio; el torero Belmonte; Julio Camba; Mingote, que diseñó nuestro sello...», enumera Santiago, ahora en busca de otro empleo.

Con él, se irán a la calle sus seis compañeros. «Es una pena. No sabemos qué va a ser ni de nosotros ni de todos los recuerdos que hay aquí. Ojalá no se carguen los tesoros que se guardan», dice apoyado en la vieja barra. Qué albergará en el futuro este esquinazo es aún una incógnita. «Hemos visto a un empresario chino pasar varias veces a ver el restaurante, pero ni idea de qué va a montar», comentan entre ellos. En torno a unas cañas, no hay otro tema de conversación desde que informaron a los clientes de que echaban el cierre. «Nos dicen que por qué no nos lo quedamos entre todos, pero es imposible pagar la millonada que pide», dicen sin atreverse a dar una cifra de la operación inmobiliaria.

Revuelto de patatas «Julio Camba»

Cena de la peña «Los amigos de Julio Camba», en Casa Ciriaco en marzo de 1979
Cena de la peña «Los amigos de Julio Camba», en Casa Ciriaco en marzo de 1979 - ARCHIVO DE ABC

Los hermanos Chicharro llegaron a Casa Ciriaco en 1967. Se quedaron con el restaurante después de que, sus anteriores dueños, Pablo y Ciriaco Muñoz Sanz –que dio nombre al establecimiento– trabajaran allí desde 1917. Como tal, el restaurante está abierto desde 1929. De sus fogones seguían saliendo ayer sus famosos callos, sus escabeches –de perdiz y de trucha–; la pepitoria de gallina –su plato estrella con el cocido madrileño en dos vuelcos–; o su sencillo y no menos célebre revuelto de patatas «Julio Camba». El periodista –ligado a la historia de ABC desde 1913 hasta su muerte, en 1962– fue uno de sus más ilustres clientes. Gastrónomo empedernido, la asiduidad a sus mesas llevó a sus seguidores a hacer de este restaurante el espacio donde celebrar la tertulia literaria de «Los amigos de Camba». «Hasta ahora se ha celebrado cada tercera semana del mes», explica Álex, detrás de la barra desde hace 17 años. «Ni ellos, ni los Amigos del Conde Colombí –otra de las tertulias taurinas que allí tienen lugar– se han tomado bien la noticia», aseguran. Los clientes, tampoco: «Es una pena que se carguen algo tan auténtico», asegura José Antonio.

Los vecinos se lo «olían». «Vendieron los dos pisos que tenía Godo. Uno en el tercero y otro en el quinto. Este último era su capricho por ser desde el que el anarquista Mateo Morral lanzó la bomba contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia el día de su boda (31 de mayo de 1906)», cuenta uno de ellos. «En esa fecha Godo colocaba una corona en el monumento a las víctimas que hay enfrente. Paco ya no lo hacía», sentencia.