Paseo del Prado, en dirección a Atocha
Paseo del Prado, en dirección a Atocha - GUILLERMO NAVARRO

Carmena retomará el plan de Gallardón para el Eje Prado-Recoletos

Si la alcaldesa revalida su cargo reducirá de diez a cuatro carriles el espacio para el coche. Un carril de los pares se entregará íntegro al peatón

MadridActualizado:

Manuela Carmena quiere revalidar el cargo para acabar su proyecto de Gobierno. La reforma de la Gran Vía, capitaneada por el delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, es el gran hito de su legislatura. Sin embargo, le han quedado en el tintero otros planes urbanísticos para continuar acotando terreno al coche y disminuir la contaminación. Uno de ellos –además de la rehabilitación de Plaza de España– es el plan especial del Eje Prado-Recoletos que dejó a medias AlbertoRuiz-Gallardón (PP); la crisis y las trabas que le puso su enemiga de filas, Esperanza Aguirre, desde la Real Casa de Correos lo paralizaron en 2010.

Carmena retomaría esta actuación que diseñó Álvaro Joaquim Melo Siza y la terminaría –siempre que no le mueven el sillón de Cibeles–. Gallardón declaró Bien de Interés Cultural (BIC) Prado-Recoletos en 1998 como presidente de la Comunidad de Madrid. El arquitecto propone sobre este ámbito restar carriles al vehículo privado para conceder más espacio al peatón y mejorar su «deterioro ambiental».

El carril bici, a estudio

Siza reordena la vía entre Cibeles y Atocha dejando dos carriles para el tráfico por sentido –de los cinco actuales; los carriles bus se mantienen, amplían y potencian. Esta disposición la mantendría el Gobierno de Carmena, pero lo que tendría que analizar es dónde ubicar el carril para la bicicleta.

Según informan desde DUS, tendrá un carril segregado y no compartirá espacio con el resto de vehículos a través del ciclocarril de 30. La cuestión es si se sitúa a la izquierda, como en la actual calle Toledo, o entre el tráfico rodado y el carril bus, como en los bulevares.

La Corporación dejó claras sus intenciones respecto a este eje el pasado mes de octubre, cuando decidió suprimir un carril en Recoletos de forma imprevista, entre la calle Prim y Cibeles, en dirección a Atocha. Madrid Central era la excusa, pero como desveló el mismo delegado en rueda de prensa, formaba parte de una acción que se extendería en 2019. «Se está trabajando en un proyecto de mejora y ampliación de las aceras del paseo del Prado para que se declare lugar de valor paisajístico y valor urbano por parte de la Unesco», explicó entonces.

Más acera en los pares

En los pares del paseo del Prado, en dirección a Atocha, el carril que actualmente ocupan los autobuses y los taxis se convertirá en acera. La de los impares, donde está el Museo del Prado, se mantendría como está.

El Plan Especial de Prado-Recoletos ya reconoce que en algunos tramos las aceras no reúnen «las condiciones para adecuarse a la demanda de uso»: «A pesar de la importancia del entorno cultural, museístico y de ocio, no se dispone de espacio suficiente para el desplazamiento de las personas, con algunos tramos de aceras mínimas de ancho inferior a dos metros, ni espacio para usos diferentes de la circulación rodada, ya que las plazas son realmente rotores para uso de los vehículos de paso». El documento señala que solamente uno de cada cinco vehículos que atraviesa la zona diariamente tiene como origen o destino el ámbito Prado-Recoletos.

La disposición de Siza implica un aumento de las zonas verdes y los espacios libres públicos del 75,7% (30.841 metros cuadrados) –tal y como obra en un documento oficial del Ayuntamiento–; una ampliación de aceras del 22,09% (10.458 metros cuadrados); una reducción del 57,2% de las calzadas destinadas a turismos (47.846 metros cuadrados); una disminución del tráfico del 32% entre Atocha y Neptuno, y del 29% entre Neptuno y Cibeles.

La mejora de los niveles de contaminación se estimaban en un 47% menos de monóxido de carbono, un 85% menos de óxidos de nitrógeno y del 60% menos en partículas.

Freno en 2010

El plan especial de Siza, que ganó el concurso en el año 2002, echó a rodar en 2007 tras la polémica que se desató con la tala de árboles que incluía inicialmente. En mayo de 2007 la baronesa Thyssen llegó a encadenarse a un ejemplar para protestar por la tala. La propia presidenta regional, Aguirre, plantó cara a Gallardón con este asunto. El plan especial rehizo esta parte para que finalmente no se afectara a ninguna especie arbórea. Es más, incluía después se incluía la plantación de un millar de árboles más en la zona, llegando a incrementar la masa arbórea casi un 80%.

Gallardón llegó a actuar sobre la plaza de Colón, a desplazar la estatua del descubridor, reurbanizó el entorno de la Biblioteca Nacional y parte de Recoletos, pero en 2010, Aguirre lo frenó en seco. Ella quería un túnel bajo el paseo del Prado para eliminar el tráfico en superficie. El alcalde decía que era imposible y Aguirre, lo contrario. El posterior ministro de Justicia ganó la primera batalla: el proyecto definitivo dejaba fuera el subterráneo, pero la presidenta regional venció en la guerra. Le solicitó un informe de impacto ambiental para dar luz verde a las obras; el Consistorio se lo entregó en octubre de 2010.

Gallardón esperaba que los trabajos sobre Prado-Recoletos comenzaran en el año 2012 y terminaran en 2013, pero Aguirre nunca contestó al Ayuntamiento, lo que administrativamente se interpreta como una denegación. El Consistorio debía reformularlo, una cuestión que depende del futuro gobierno municipal.

Con participación

El plan contó con la participación de los madrileños. Se expuso públicamente durante dos meses en 2003. Recibió 188 sugerencias y se perfeccionó para darles respuesta. Con el documento reelaborado, la Junta de Gobierno lo aprobó en junio de 2005 y volvió a mostrarse su contenido a los ciudadanos durante tres meses. Se realizaron 608 alegaciones.

El Ayuntamiento procedió al análisis de todas estas cuestiones y, para ello, paralizó el plan hasta que echó a rodar en 2007. Se perseguía recuperar la ordenación histórica del llamado «Salón del Prado», una configuración urbanística del siglo XVIII que se fue perdiendo con el tiempo por la invasión de los vehículos.