Errejón, Almodóvar y Carmena, el sábado en el acto feminista de Ópera - GUILLERMO NAVARRO

Carmena se pone el traje de fiera

La campaña y los datos del CIS han transformado a la prudente regidora en una voraz candidata que adoctrina a los madrileños sobre Vox, PP y Cs. «No podéis votar a ninguno de ellos», clama en un acto feminista desde la plaza de Ópera

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Manuela Carmena ya no hace magdalenas. Este sábado se dejó el azúcar y la sobriedad en casa y se puso el traje de fiera, el uniforme de una candidata que se juega el puesto el próximo 26 de mayo, regresar a su casa; poner fin a la continuidad de su proyecto, y también condenar a la orfandad política a los seis concejales de Podemos que, el pasado noviembre, dieron con la puerta en las narices a Pablo Iglesias por sus imposiciones en la lista de lo que iba a ser la segunda parte de Ahora Madrid. Algunos de ellos como Rita Maestre, José Manuel Calvo o Esther Gómez acompañaron a su líder durante el mediodía en un acto donde la ex juez enseñó como nunca el diente y las garras a la derecha, sobre todo a Vox y a Ciudadanos.

Los estoques al Partido Popular corrieron de parte de su prologuista, la comediante Anabel Alonso, quien se encargó de caricaturizar a Isabel Díaz Ayuso con su polémica de los atascos de madrugada, las ayudas «a un cigoto» o el hecho de que «otros», en alusión a Vox, quisieran trasladar la fiesta del Orgullo a la Casa de Campo:«Ellos nos llevarían a Invernalia».

La máxima representante de los madrileños pidió el apoyo en la urna a todos aquellos que se rigen bajo los principios feministas. Porque así se llamaba la cita: «Ganas de más feminismo». Alzó la voz sentada sobre uno de los dos «chester» marrones que se colocaron en un estrado provisional en el centro de la plaza de Ópera. A 25 grados. Los orígenes de este estilo de sofá se ligan a los clubes sociales y elitistas londinenses del XIX, donde sólo se permitía la entrada a hombres. Pero ayer, sobre su cubierta, sólo reposaban posaderas femeninas de izquierdas.

Anabel Alonso, Clara Serra, Carmena y Rita Maestre
Anabel Alonso, Clara Serra, Carmena y Rita Maestre - GUILLERMO NAVARRO

Flanqueaban a la alcaldesa la «número dos» de Íñigo Errejón, Clara Serra, y la «número tres» de Carmena, Rita Maestre. La primera recitó un discurso donde hablaba del papel de la mujer como cuidadora de la familia. Aprovechó para colar una promesa de su candidatura sin especificar de dónde iban a sacar el dinero: «Vamos a abrir 7.000 nuevas plazas en las residencias de la Comunidad de Madrid y vamos a hacerlas gratuitas como las escuelas infantiles».

Los búhos deberán parar donde digan sus pasajeras

Maestre se refirió a la puesta en marcha de un «protocolo de movilidad» donde se establecerá, por ejemplo, la obligatoriedad de que los conductores de los autobuses nocturnos («búhos») paren durante el recorrido donde les diga una pasajera porque sea el lugar que más cerca les pilla de su casa.

Con un cartel de la regidora frente al Teatro Real emulando a «Rosie, la remachadora», Carmena solicitó a los y las feministas –sin lapsus de «feministos», como el de Serra abriendo la campaña de Más Madrid el jueves refiriéndose a «jóvenes y jóvenas»– que escogieran su papeleta, porque, como ella misma se autoproclamó, es la única candidata mujer en el Ayuntamiento que encarna el avance de la igualdad de género. Y en esa parte de su intervención fue donde clavó la daga a la apuesta de Albert Rivera para Madrid, Begoña Villacís. «Hay compañeras del Ayuntamiento que ahora lideran alternativas electorales y que se presentan como mujeres haciendo valer que defienden los derechos de las mujeres. Si no se defiende al feminismo, si son capaces, como ha ocurrido con Cs en Andalucía de aliarse con Vox, que significa el mayor enfrentamiento al feminismo que hemos vivido hasta ahora, no son feministas». Y, pese a que colgó la toga hace diez años, dictó sentencia: «No hay que creer palabras, hay que analizar actitudes. Lo siento muchísimo, no les podéis votar a ninguno de ellos».

«No nos podemos fiar»

Nada tiene que ver el discurso de la Carmena de 2015, donde criticaba los ataques de Esperanza Aguirre a su persona, con la que comenzamos a descubrir en 2019. Su alegato de hace cuatro años se centraba en «acabar con el cáncer que se había metido en la democracia», la corrupción. Ahora agita el voto del miedo, con reminiscencias a la dictadura franquista y al «retroceso». «No nos podemos confiar. Si nos creemos las encuestas del CIS, de verdad, están súper ajustadas», formuló desde su sillón (una suma de 31 escaños para la izquierda frente a los 27 de la derecha).

La plataforma de Carmena contó en Ópera con el impulso de una personalidad de altura, Pedro Almodóvar. El director elogió a su candidata con adjetivos como el de «heroica» ante el reclamo de los presentes. En la plaza se concentraron centenares de personas. Algunos querían estar ahí; otros, con rasgos achinados o hablando otro idioma, curioseaban al paso. Unos preguntaban a los periodistas situados bajo una carpa dónde conseguir banderolas; otros consultaban dónde reclamar por el estado de limpieza de la ciudad a la alcaldesa que ha cambiado el delantal por la armadura para la contienda electoral.