Varios manteros, ayer, en pleno centro
Varios manteros, ayer, en pleno centro - JAIME GARCÍA
Venta ambulante

Carmena hace la vista gorda con los manteros en plena Semana Santa

Los hosteleros dicen que hay un «acuerdo tácito» entre la Policía Municipal y los ilegales

MADRIDActualizado:

La venta ambulante ilegal campa a sus anchas en el centro de Madrid sin que el Gobierno de Manuela Carmena apenas parpadee. La imagen se repite día a día: unos 200 manteros venden productos falsificados y sin tener licencia en las principales vías, como Preciados, Arenal, Gran Vía y la Puerta del Sol. Y todo, con el visto bueno del concejal de Seguridad, Javier Barbero;el presidente del distrito, Jorge García Castaño, y de la propia regidora.

La realidad no solo la desvelan las fotos; también los datos. Entre 2014 y 2016, el número de intervenciones de la Policía Municipal en esta área descendió la friolera del 24,25% y las denuncias un 38,18%, según los propios datos del Consistorio.

El presidente de la Asociación de Hosteleros de la Plaza Mayor, José Antonio Aparicio, también lamenta la permisividad de Carmena con los manteros: «Siempre ha habido, pero últimamente vienen más». Lamenta que la llegada masiva –hay mañanas en las que incluso 20 manteros se dan cita junto a la estatua de Felipe III– coincida con las celebraciones del cuarto centenario de la Plaza Mayor.

«Es el lugar final donde desembocan todos los manteros», insiste Aparicio, quien descubre el «acuerdo tácito» que hay entre Policía Municipal e ilegales. «Es un espectáculo teatral: llegan y se ponen, después aparece la Policía y los “pastorea” para que se vayan, porque creo que las instrucciones que hay son levantarles de allí pero sin obligarles». El representante de los hosteleros es consciente que detrás hay mafias.

Según ha podido constatar ABC, estos vendedores ambulantes de la Plaza Mayor, unos 20, se organizan de tal forma que pueden vigilar las diferentes esquinas del lugar por si llegaran los agentes. Aprovechan para vender productos en su mayoría textiles, como bolsos o camisetas de fútbol falsificados. Esta actividad al margen de la ley tiene, según confirma Aparicio, consecuencias: «Afecta sobre todo al comerciante que vende productos similares en el barrio».

A los turistas tampoco les termina de agradar la proliferación del comercio ilegal cuando llegan, cámara en mano y con ganas de inmortalizar su visita a la Plaza Mayor. «Desde el punto de vista estético está fatal, porque desentona con la plaza; desde el económico, veo bien que esta gente se busque la vida de alguna forma aunque a los comerciantes también les perjudique, hay que entenderlo todo», afirma María, una extremeña que ha acudido junto a su marido, Carmelo, a visitar unos días a su hija en la capital. «No esperábamos verlos aquí; en la Puerta del Sol siempre ha habido y también por Callao, pero aquí me ha chocado verlos», añade.

Para evitar estas impresiones negativas, José Antonio Aparicio, que resalta que a los hosteleros madrileños tampoco les beneficia la situación precisamente por «esa mala imagen» que da a la plaza, reconoce que no sabe «cuáles son las inquietudes e intereses de la Concejalía de Seguridad».