Manuela Carmena
Manuela Carmena - EFE/Javier Lizón

Carmena, la edad como bandera

Los 75 años de Carmena no serán una excusa para dar un paso atrás en la continuación de la actividad política y/o social

MadridActualizado:

Manuela Carmena colgó la toga hace diez años y volvió a la vida pública para hacer frente a Esperanza Aguirre en los comicios de 2015. A pocos días de celebrarse las elecciones, todavía un veinte por ciento de la ciudadanía no sabía quién era la osada jurista que quería ganar al animal político que representaba la expresidenta regional madrileña. Ella, Manuela, acabó con 24 años de gobiernos del Partido Popular en la capital sólo con un escaño menos que la bancada de Aguirre.

Llegó con muchos propósitos, entre ellos, seducir a más gente a lo largo de su mandato, y esa es la espinita que se lleva clavada, no haberlo logrado. Pero su orgullo sobre su legado en la capital es inmensurable. Más allá de haber remozado la Gran Vía y haber activado Madrid Central, se va habiendo despejado grandes actuaciones urbanísticas como Mahou Calderón, el Edificio España, Bernabéu o haber dejado lista para su aprobación, con su sello social, la anquilosada Operación Chamartín que heredó.

La alcaldía le ha dado momentos dulces, pero también dolorosos como la portada en la que se le acusaba de llevar una flor en peligro de extinción, rebasando los límites de su vida privada.

Manuela, la que daba su teléfono personal a muchos ciudadanos para que le transmitieran sus problemas, la que invitaba a su equipo a comer levantándose de madrugada para sorprenderles con sus mejores guisos, es irrepetible. Eso dicen los que la veneran. Sus 75 años no serán excusa ahora para dar un paso atrás. Ha hecho de su edad, de los surcos de su piel, de su experiencia, su bandera.