Unos vecinos de Jorge Juan se enfrentan a los empleados de los restaurantes cerrados en Puigcerdá
Unos vecinos de Jorge Juan se enfrentan a los empleados de los restaurantes cerrados en Puigcerdá - DE SAN BERNARDO

Un callejón sin salida en Jorge Juan: denuncias vecinales y tensión entre los empleados

Los residentes celebran el cierre de los restaurantes cerrados por el Ayuntamiento, mientras que los empresarios amagan con encandenarse

MadridActualizado:

La Policía Municipal precintó ayer, a las 10.30 horas, el restaurante La Máquina, en el conocido como callejón de Puigcerdá, por no cumplir la normativa de veladores y terrazas. Esta misma estampa será la que hoy se repita en los otros dos locales anexos a los que, como adelantó ABC, les ha llegado al orden de cese de actividad. El propietario de Los Gallos y Babelia, Pepe Caldas, se concentrará hoy juntos a los trabajadores, que amenazan con encandenares en la puerta de ambos negocios para protestar contra la clausura que consideran «injusta».

El Servicio de Disciplina Urbanística municipal ya amenazó con clausurarlos el pasado julio si no subsanaban las irregularidades encontradas en los cerramientos de las terrazas y veladores de cinco restaurantes de la que es considerada la «calle de la gastronomía» del barrio de Salamanca, junto a la Milla de Oro de Madrid. Pese a que, en un principio, el precinto impide el paso al establecimiento en general, el delegado del área de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento, José Manuel Calvo, explicó a este diario que el cese se aplica solo a la «actividad, no sobre todo el local».

«La orden se dicta sobre aquellas partes que no están legalizadas; la parte de restaurante que tiene su licencia de actividad podrá seguir funcionando normalmente, como siempre ha ocurrido», indicó. Es decir el propietario podrá reabrir la parte del restaurante que tiene en regla tras comunicárselo a la administración. Las partes no legalizadas no podrán atender al público hasta que no cuenten con la correspondiente licencia, en caso de que pudiera otorgarse.

En este sentido, el delegado argumentó que cuando un propietario solicita la licencia para terraza, «el Ayuntamiento o la Agencia de Actividades indica qué espacio puede ocupar, las dimensiones de la misma... ». Además, Calvo aseguró que el Ayuntamiento trabaja con los hosteleros en este sentido «para tratar de legalizar todo aquello que sea legalizable».

No obstante, los dueños de los establecimientos se quejan de que llevan «años queriendo formalizar legalmente estas terrazas», ya que consideran que se encuentran en un «limbo legal». Fue la propia Junta de Distrito la que consideró que su caso era «excepcional» y envió sus expedientes a la Comisión de Excepciones de Terrazas y Veladores. El Plan presentado persigue que estos espacios sean protegidos mediante una excepción de interés turístico.

Los empleados de algunos de estos establecimientos, que temen por sus puestos de trabajo, se enzarzaron ayer con los residentes de la calle que se ven afectados por las terrazas. La orden de cese llega después de que la comunidad de vecinos de la calle de Jorge Juan, 11, 13 y 15, denunciaran las supuestas irregularidades. En el escrito firmado por los residentes y enviado a la Junta de Distrito de Salamanca, en noviembre de 2015, se quejaban de los «graves» perjuicios que suponía para ellos convivir bajo esas circunstancias.

Denuncia vecinal

Acostumbrados a tener las ventanas cerradas para que no entre el olor y las persianas bajadas para que el ruido no penetre en la vivienda, los residentes de la zona tienen claro el porqué de la proliferación de estas terrazas irregulares han modificado drásticamente -a peor- su calidad de vida. «Esto responde a un fenómeno de avaricia por parte de los dueños», critica Pilar, una de las vecinas de los edificios cercanos. «Nos han ido avasallando y no nos dejan respirar; cada vez viene más gente y no hay espacio», advierte la propietaria, que insiste en que, desde que los restaurantes se expandieron, el ruido, los atascos y el miedo a que ocurra alguna emergencia forman parte de su día a día. «Se han dado situaciones de que han venido ambulancias y no han podido pasar porque se han quedado atascadas», rememora Pilar, quien también reconoce que, en otra ocasión, «hubo un incendio al final del callejón al que el camión de Bomberos tampoco pudo acceder».

Sin embargo, los problemas no se quedan ahí ya que, debido al exceso de gente que allí se da cita desde que el lugar está de moda y los restaurantes aumentaron su oferta de plazas, hasta se va la luz de vez en cuando. «Suele pasar a mediodía y por la noche, cuando saltan los plomos, lo que genera riesgo de incendios», lamenta Pilar, que también lamenta que el tráfico y el servicio de aparcacoches congestionen la zona: «No podemos ni aparcar».

Por ello vecinos como Pilar aún recuerdan lo que dice Ángel, un antiguo inquilino de la zona: «Esto antes no era así, aquí había tiendas». «Y era una delicia», completa una vecina que comienza a respirar aliviada ante la posibilidad de que la situación se revierta y su calidad de vida vuelva a ser la de antes. «Esto estaba muy bien», insiste, «y los restaurantes están fuera de la legalidad», apostilla esta mujer, que también empatiza con los trabajadores -«que no tienen la culpa»-, pero que anuncia que los vecino han creado una asociación para evitar que algo así vuelva a ocurrir en el corazón de Salamanca.