Bólidos extraterrestres en Madrid

POR MABEL AMADOFOTOS: ERNESTO AGUDOMADRID. Tal día como hoy, hace 111 años, la sociedad madrileña se conmocionaba con un suceso de difícil explicación: la caída de un meteorito que paseó su estela

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POR MABEL AMADO

FOTOS: ERNESTO AGUDO

MADRID. Tal día como hoy, hace 111 años, la sociedad madrileña se conmocionaba con un suceso de difícil explicación: la caída de un meteorito que paseó su estela desde Moncloa a Vallecas. El 11 de febrero de 1896, el diario El Liberal comenzaba así la crónica del suceso: «Una luz vivísima en la atmósfera, un horroroso estruendo después, y luego un sacudimiento terrible, un temblor de tierra, sembrando por do quiera la alarma y el espanto...»

No en vano, tan intenso fue el resplandor que no sólo iluminó intensamente toda la ciudad (eran las 09.29 horas) sino que pudo ser percibido desde Mallorca hasta Badajoz y desde Guipúzcoa hasta Jaén.

Aunque explotó a unos treinta kilómetros de altura, fueron recogidos diez pequeños fragmentos, uno de los cuales se encuentra custodiado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Y es en esta institución, desde ayer, donde el público puede admirar tan singular meteorito y trescientos más que han llegado a conformar una de las colecciones más importantes en su género.

Módulos explicativos

Bajo el título «Meteoritos españoles: la colección del MNCN» y comisariada por Miguel y Julia de las Doblas, esta exposición se ha estructurado en dos secciones diferenciadas. Por un lado, módulos explicativos que recogen la historia, el origen y las características de los meteoritos, además de la relación de caídas y hallazgos en España y el mundo.

La segunda sección nos lleva directamente a admirar rocas de hasta 4.500 millones de años -la misma que la Tierra-. Así, además de una mesa con los 100 meteoritos más importantes de la colección -como un fragmento del bólido que formó el famoso Meteor Crater de Arizona, del meteorito de Allende (México) o del más antiguo documentado (1576)- se han instalado seis vitrinas con una treintena de «joyas» únicas. Estas corresponden a las caídas más importantes documentadas en España (desde 1773 hasta el último, de 2004), acompañadas de paneles con testimonios y fotos de la época. Además, para situar mejor al visitante en el arco temporal, refiere sucintamente los acontecimientos históricos que se desarrollaban mientras estos cuerpos celestes alcanzaban la superficie de la Tierra.

Entre ellos, destacan el meteorito que cayó en la Nochebuena de 1858 en Molina de Segura (Murcia), el más grande que ha impactado en España con sus 140 kilos de peso, o el último recuperado en nuestra geografía, caído en enero de 2004 en Villalbeto de la Peña.

Espectacular

El comisario de la exposición también reseñó los fragmentos del meteorito de Olivenza, que cayó en Badajoz en 1924 y estuvo a punto de impactar sobre dos labradores extremeños, y el de Colomera (1912, Granada), espectacular por su estructura interna.

En esta colección, que fue iniciada por el Marqués de Socorro a partir de algunos ejemplares antiguos que se encontraban en el Museo, también destaca el que cayó en Varea (La Rioja) en 1842, pues se trata de uno de los siete meteoritos petroférreos documentados del mundo.

Pero volviendo al meteorito de Madrid y a las historias asociadas a su caída, el Museo acoge una amplia documentación sobre el hecho. Por ejemplo, la declaración de Javier Soravilla, el caballero que a la altura del actual número 19 del paseo de la Castellana vio cómo uno de los fragmentos de este meteorito atravesaba el ejemplar de El Imparcial que se encontraba leyendo...

«Pseudometeoritos»

La exposición se completa con una mesa que exhibe «pseudometeoritos» naturales y artificiales que pueden confundirse con verdaderos bólidos extraterrestres. Es el caso de los famosos meteoritos de Getafe, caídos en 1994 y 1999, que resultaron ser escorias de fundición lanzadas por actos vandálicos.

Tras este recorrido, sólo nos queda recordarles que la ley de probabilidades no se aplica a los meteoritos. Al parecer, es posible que en el mismo lugar donde cayó uno se repita el fenómeno. En la aldea de Anji, en China, ocurrió ocho veces. Prepárate, Madrid...