La campeona del mundo, Zenib Laari, junto a su maestro, Benedicto Rosales
La campeona del mundo, Zenib Laari, junto a su maestro, Benedicto Rosales - MAYA BALANYÀ

Un barrio de Madrid que pelea y gana

El triunfo de una vecina en el Mundial de kárate kempo revitaliza el deporte en San Cristóbal de los Ángeles

MadridActualizado:

Las maneras de llegar al deporte son variadas. Hay quien lo hace por herencia familiar, porque lo ve en la tele o porque se lo recomiendan los amigos. Incluso, por descarte. Este fue el caso de Zenib Laari, mostoleña de padres marroquíes, a quien sus progenitores la apuntaron a kárate a los diez años «para descargar un poco la agresividad tras haber probado con la gimnasia rítmica y el aeróbic. Además, serviría también como defensa personal», recuerda. Recién llegada al barrio de San Cristóbal de los Ángeles, se apuntó a las clases del polideportivo muncipal, que no ha abandonado en catorce años.

El motivo de esta fidelidad está en las enseñanzas de su maestro, Benedicto Rosales, que llegó una temporada antes al recinto e instauró la modalidad de kempo, más dinámica que la tradicional. «Yo ya llevaba catorce años enseñándola en La Chopera del Retiro y cuando lo propuse en la Junta les pareció bien el cambio», comenta. De hecho, quien quiere practicar kárate en el barrio tiene que hacer kempo». Las diferencias de esta especialidad con la original son las posiciones, más amplias y abiertas, de avanzar y pegar en movimiento: « En una cabina telefónica te podemos hacer un nudo·», bromea el profesor.

Aventajada

Desde el comienzo, Perales atisbó las condiciones de su pupila. «Me dijo que quería competir y yo solo le pedí una cosa, trabajo. Se lo digo tanto a los niños de seis años como a los adultos. Y si se comprometen, tienen en mí a un amigo para siempre. Zenib ha sido campeona de todo y sólo le faltaba el Mundial. Además lo ha ganado en la especialidad de armas (luchacos), que es mi preferida. Ya casi me gana a mí», relata el maestro.

Pero el salto de calidad llegó este curso con el Mundial. «Tuve muchos nervios porque era algo nuevo. Traté de analizar a las rivales porque venían de escuelas que desconocía (Rumanía, EE.UU. o Azerbayán). Pero en el tatami, se fueron las dudas y solo pensé en ganar».

Las consecuencias de su éxito fueron inmediatas en San Cristóbal. «A los dos minutos la gente llamaba a la Escuela para ver a la campeona. Esta victoria es un impulso para nosotros, para Madrid y para España», indica el maestro. De hecho, están cubiertas las plazas en todos los grupos y hay lista de espera para recibir a nuevos alumnos.

Comprometida

Laari, a sus 24 años, es consciente de los problemas de su distrito. Por eso, quiere aprovechar su popularidad: «Quiero que los jóvenes vean que con esfuerzo se puede triunfar, tanto en el deporte como en los estudios; que no todo son bandas y marginalidad», indica emocionada. Quiere demostrar las ventajas del deporte como unión multicultural («aquí tenemos procedencias de lo más diversas y somos una gran familia») y de la educación: «He terminado Filología Hispánica y quiero dar clases de español a inmigrantes con riesgo de exclusión. Que vean en mi un ejemplo para salir adelante».