La Asamblea de Madrid acogerá un inédito pleno de investidura sin candidato - EP

Las barreras que alejan a Cs y Vox en el pacto de investidura de la Comunidad de Madrid

Las reformas en leyes LGTBI, el mayor número de consejerías o las subvenciones, choques entre dos fuerzas que se acusan del bloqueo

Sesión de investidura de la Comunidad de Madrid en directo

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Rocío Monasterio (Vox) llegaba ayer la primera a la reunión convocada por Cs con ella y Vox. «Venimos sólo a empezar a hablar», apuntaba. Tras ella llegó Ayuso convencida de que «cada día es un pasito más» para desbloquear. Aguado fue el último, el más serio, y su mensaje fue: «Vamos a ver si somos capaces de desbloquear la investidura». No lo fue; él mismo lo reconocía media hora después: «No he sido capaz de convencer a Monasterio».

Hasta la fecha, Ciudadanos y Vox parecen separados por muros infranqueables. No ha habido acercamiento entre ellos desde que se celebraron las elecciones, a excepción de un café que se tomaron, un domingo por la tarde en un hotel madrileño, Aguado y Monasterio, y según ambos aseguraron no se negoció nada; sólo fue una primera toma de contacto.

Desde entonces, el veto continuo de Ciudadanos sobre Vox ha paralizado cualquier posibilidad de acercamiento en el bloque conservador. La candidata popular, Isabel Díaz Ayuso, ha peleado por el acuerdo y mediado entre ambos hipotéticos socios, pero no ha conseguido vencer las reticencias de la formación naranja, ni la hostilidad creciente con que respondían a ese trato desde Vox.

En lo programático, el documento de mínimos que planteó Monasterio para sentarse a hablar fue bien acogido por los populares, que se prestaron a estudiarlo y negociarlo, hasta «limar» sus puntos más polémicos y llegar a una redacción que fuera asumible por el tercer socio, Ciudadanos. El líder de la formación naranja, sin embargo, lo rechazó de plano y no ha querido ni sentarse a discutirlo con ellos.

Vísperas

De hecho, han hecho falta cinco semanas y la inminencia de una sesión de investidura sin candidato para que Aguado decidiera finalmente ayer citar a Monasterio y a Ayuso. Un encuentro del que él reconocía salir con «pena y tristeza» y viendo más cerca la repetición electoral; pero la líder de Vox se manifestaba optimista porque «que la gente hable es el primer paso para llegar a acuerdos». Que llegarán, está convencida, si hay «un mínimo común denominador».

Cómo encajar en ese mínimo común algunos temas va a ser lo complicado. Por ejemplo, la cuestión de las leyes contra la LGTBIfobia y de Identidad Sexual. Vox quiere que se deroguen algunos artículos porque entiende que pueden atentar «contra la libertad de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones morales».

En el acuerdo firmado entre PP y Ciudadanos, en efecto, se recoge casi literalmente esta idea: «Garantizaremos la libertad de los padres a educar a sus hijos según sus conviciones morales», dice en su punto 17. En Ciudadanos aceptan esto porque es defender literalmente, recuerdan, lo que dice la Constitución en su artículo 27.3.

Ni un paso atrás

Pero al mismo tiempo, la formación naranja quiere dejar meridianamente claro que no tiene intención de permitir ni un retroceso en materia de defensa de la diversidad sexual. Por eso, en ese mismo pacto a dos con el PP se ha incluido otro punto en el que se dice literalmente: «Defenderemos los derechos del colectivo LGTBI en la Comunidad de Madrid. Promoveremos la plena igualdad social de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales, y lucharemos contra la discriminación y la violencia que todavía sufren».

Otras peticiones de Vox, como las relativas a la lucha contra la inmigración ilegal, han sido introducidas en el acuerdo pero de manera suavizada, en un intento de que sean suficientes para que el partido de Abascal asuma el pacto.

Los últimos choques los han tenido por el incremento de las consejerías que propone el documento PP-Cs: de las nueve actuales, se pasaría a 13. Cuatro más, que a Vox le parecen «una barbaridad», teniendo en cuenta que «Madrid tiene una deuda de 33.000 millones de euros». Monasterio presumía que este incremento de cargos se podía deber «supongo que a la voracidad de Ciudadanos».

No ha sido el único encontronazo: también les culpan del desprecio con que se sienten tratados por el partido naranja, al que han llegado a acusar estos días de «apartheid» contra Vox, que les trata «como apestados».

Y además, desde Vox les recordaron que han sido muy «generosos» y, gracias a ello, Ciudadanos tiene ahora puestos en el gobierno andaluz, en la vicealcaldía de Madrid y hasta en la Mesa de la Asamblea madrileña.

Aguado no tardó en responderle: criticó que sólo quisieran «una foto» de los tres partidos, y como la Comunidad «vale una foto, la tendrán». Esto lo dijo sólo unas horas antes de citar a Vox y al PP para hacerse la tan deseada foto, que sin embargo no ha servido para desatascar un conflicto que aún está muy enconado en la región.

De hecho, en este enfrentamiento dialéctico y de ideas, al que la candidata popular Díaz Ayuso asiste con el traje de árbitro e intentando apaciguar los ánimos, el último disparo ha sido de Rocío Monasterio, y en forma de propuesta.

El plan monocolor

Concretamente, plantea que, si no son capaces de alcanzar un acuerdo a tres, que el gobierno sea monocolor, sólo del PP, y que Vox y Ciudadanos se limiten a votar «si» a Diaz Ayuso en una investidura, pero ambos se queden fuera del ejecutivo. Una idea que no ha hecho ninguna gracia en las filas de la formación naranja, donde ponen en valor que llevan semanas redactando un documento y cerrando un acuerdo con el PP en el que no sólo fijan las líneas básicas de un programa electoral, sino que también se reparten el gabinete de la Comunidad de Madrid, con cargos y consejerías para cada uno de los dos partidos.

Así las cosas, Ciudadanos acusaba ayer a Vox, tras su encuentro a tres, de «haber «venido a las instituciones a provocar la repetición electoral en Madrid», y cerraba casi la posibilidad de alcanzar un acuerdo antes de septiembre, salvo que «rectifique».

Algo en lo que tampoco coincidía con Monasterio: para ella, el encuentro había sido «muy cordial» y sentaba «las bases para futuras reuniones y para conformar un acuerdo; por nosotros, que no quede». Una vez «superados algunos obstáculos» -en referencia a la negativa que hasta ayer mantenía Ciudadanos para reunirse con ellos-, Monasterio veía que ahora «comienza un camino». A dónde lleve es algo que está por ver.