El Ayuntamiento compra a Tánger un edificio en ruinas frente al monumento del 11-M

MIGUEL OLIVERMADRID. Ignacio de Figueroa y Bermejillo, duque de Tobar, era un enamorado de Tánger. Las leyendas cuentan que su idilio con la ciudad marroquí comenzó tras ser herido allí en la guerra

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MIGUEL OLIVER

MADRID. Ignacio de Figueroa y Bermejillo, duque de Tobar, era un enamorado de Tánger. Las leyendas cuentan que su idilio con la ciudad marroquí comenzó tras ser herido allí en la guerra de África. Los cuidados y la dedicación que pusieron los tangerinos en su recuperación le llegaron al corazón hasta el punto de fijar su residencia en dicha localidad. Su contribución al resurgir de la ciudad lo convirtió, con el paso de los años, en una de las «figuras míticas» del Tánger de la posguerra, como así lo recuerdan las crónicas periodísticas de la época.

El duque falleció en 1953 solo y sin hijos. Por eso declaró heredero universal de sus bienes al Instituto Norteamericano del Cáncer. En caso de que dicha entidad renunciara al usufructo de sus bienes, el destinatario final sería la Administración municipal de Tánger (protectorado español hasta el año 1956). Como así ocurrió. El instituto norteamericano renunció a la herencia por el coste impositivo que le iba a acarrear apropiarse de una gran cantidad de inmuebles repartidos por la localidad marroquí, así como por varias ciudades de España.

Con el dinero que Tánger obtuvo de la herencia construyó un hospital al que bautizó con el nombre de «Duque de Tobar». Entre las propiedades inmobiliarias que pasaron a manos de la ciudad marroquí se encontraba el número 13 del paseo de Infanta Isabel, en el madrileño distrito de Centro. Un edificio que se levanta frente al monumento del 11-M en la estación de Atocha, próximo también al museo Antropológico y al Ministerio de Agricultura.

Estado ruinoso

El estado ruinoso de la propiedad llevó hace seis meses al Ayuntamiento de Madrid a negociar su adquisición con el de Tánger. Éste sólo era propietario del 20,69 por ciento del bloque. El resto estaba en manos de la empresa Castillo de Aldovea, que se encuentra ya en vías de adquisición por parte del Consistorio mediante expropiación forzosa por reiterado incumplimiento del deber de conservación del edificio.

Hace unos días que el equipo de Ruiz-Gallardón consiguió cerrar el acuerdo con Tánger. «Desde un primer momento se mostraron abiertos a negociar con nosotros porque entendían que el edificio tenía que acabar en manos de los madrileños», recuerda el consejero delegado de la EMV, Juan José de Gracia. Si las negociaciones se han demorado en exceso, recuerda, es porque los representantes tangerinos son «tremendamente protocolarios», lo que ha venido a multiplicar el papeleo.

Finalmente, será mañana cuando el alcalde de la ciudad marroquí, Dahman Derham, se desplace hasta Madrid para firmar la venta de la participación al Ayuntamiento de Madrid, por la cantidad de 2,58 millones de euros.

El bloque que se levanta en el número 13 del paseo de Infanta Isabel tiene cinco alturas, más planta baja, que albergan 55 viviendas y 12 locales comerciales. El inmueble está completamente abandonado desde hace años. La intención del Consistorio madrileño es rehabilitarlo y destinar un 60 por ciento a vivienda libre y el resto, a pisos protegidos. «Será la mejor forma de reducir el elevado coste económico de la operación», comenta De Gracia.

Una realidad en tres años

El consejero delegado de la EMV es partidario de que las viviendas libres puedan adquirirse a través de una subasta, mientras que los pisos sociales se destinen al mercado del alquiler. De todas formas, todavía hay tiempo para pensarlo. El proceso de expropiación a la empresa Castillo de Aldovea puede prolongarse hasta un año. Los primeros cálculos del municipio estiman que el inmueble puede estar completamente rehabilitado y ocupado en tres años. Un paso más del Ayuntamiento por frenar el deterioro del centro.