AUTORIDAD

IGNACIO RUIZ QUINTANO
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Estamos en Madrid, aunque parezca Pontecesures. "¿A quién defiende la autoridad?", preguntaba antes el jefe de la oposición en las Ventas. Ahora, ese mismo jefe se contenta con reivindicar para la fiesta brava a unos sobreros zambombos de Puerto Frontino (?) contra la incomparable leyenda genética de los bueyes de Zahariche. Y los toros siguen siendo el espejo de la vida nacional. ¿Qué ocurre en las Ventas con un miura en el ruedo, un nublo en el cielo y un incompetente en el palco? Pues lo que vimos la otra tarde, es decir, un "sindiós". "Adonde la azucena / lucía y el clavel, do el rojo trigo, / reina agora la avena, / la grama, el enemigo / cardo, la sinjusticia, el falso amigo...", escribe Fray Luis en la oda de "Todos los Santos". Esa "sinjusticia" frayluisera -decir "sinjusticia" es decir favor, influencia, ligereza, caciquismo, politiquilla- es lo que viene a ser el "sindiós" venteño, que tiene dos responsables, el delegado del Gobierno y la presidenta de la Comunidad, comprometidos hombro con hombro en la ruina de los toros. "¿A quién defiende la autoridad?" Angelito Méndez, o Constantino Galarza, depuró al único presidente de la plaza que sabía de toros para colocar en su puesto a un señorín con pajarita que abraza a las farolas; hombre de confianza, al fin y al cabo, no nos extrañaría que el bragado hijo de Pontecesures lo enviara el sábado a la manifestación para manejar los pañuelos de los autobuses. En cuanto a Esperanza Aguirre, taurinamente sólo le importa ver salir por la Puerta Grande al Muñeco de la Tarta, y políticamente, no pasar por depuradora, razón por la cual mantuvo en su puesto al hombre de Simancas en la Fiesta, el veterinario Ballesteros, que abraza a las farolas. Si sumamos los abrazos del veterinario Ballesteros a los abrazos del señorín de la pajarita, el resultado es una carga tal de electricidad estática que, a cuatro gotas de agua que caigan, las Ventas del Espíritu Santo se convierten en un "sindiós", que es decir una "sinjusticia": la naumaquia del Fundi con "Erizo", el miura dormido en el peto del jaco, como el "Capitán" de Hernández Pla, mientras los "enteraos" pedían más sobreros de Puerto Frontino.