Los pasajeros del avión, «atrapados» en la aeronave

Atrapados 26 horas en un avión de Ryanair: «Fue un caos. No teníamos comida ni bebida»

Los pasajeros denuncian la falta de información en un vuelo que cubría la ruta Praga-Madrid y que se vio suspendido por una fuerte nevada

MADRIDActualizado:

Ángel se montó el martes en un vuelo de Ryanair con destino Praga. Pensaba disfrutar cinco días con sus amigos de un viaje de ocio por la capital de la República Checa. Todo fue según lo esperado, hasta que se subieron al vuelo de vuelta que los devolvería a Madrid. El domingo a las 09.35 horas empezó el caos y su odisea. Ángel y otros 200 pasajeros han permanecido más de 26 horas «atrapados» –sin comida ni ningún tipo de suministros– en un avión de la aerolínea low-cost. La nieve, y la falta de previsión por parte de la compañía, les impidió viajar.

Una vez que el avión estuvo lleno y todos los pasajeros habían subido, la tripulación de Ryanair les informó de que el despegue se retrasaría por la nieve. «Lo retrasaron siete veces, dando cada vez una hora de vuelo diferente que no se cumplía. Así durante seis horas», cuenta el afectado a este diario. Las excusas y los cambios de versión fueron múltiples: la máquina que remolca el avión no se puede mover por la nieve, el equipo de descongelación no puede trabajar, máximo de horas trabajadas por parte de la tripulación superadas... Cuando los azafatos cambiaron, las excusas no cesaron. «En ese momento nos dijeron que había un error en los datos de la torre de control. Era frustrante ver cómo salían otros vuelos a través de la ventanilla. Todo estaba normal mientras nosotros pasamos seis horas dentro del avión», explica Ángel recién aterrizado, por fin, en Madrid. Los pasajeros trasladan toda la responsabilidad a la compañía. Entienden que en casos de una fuerte nevada, como la que se produjo en Praga, haya retrasos, pero no pueden comprender la falta de información: «Daba la sensación de que todo lo que nos decían no era verdad».

La situación fue a peor. Dos personas sufrieron una crisis de ansiedad y fueron atendidas directamente en el avión. Además, la aerolínea no les ofrecía ningún tipo de comida o bebida: «En momentos puntuales nos dejaron comprar algún snack al precio de venta en el avión, pero no nos ofrecieron nada».

A las 18.00 horas, cuando ya llevaban ocho horas de espera, algunos de los pasajeros quisieron bajar. «Lo tuvieron que hacer bajo su responsabilidad», relata el afectado. Por miedo a perder el derecho a reclamar en caso de salida voluntaria del avión, la mayoría de ellos se quedaron dentro. Tuvieron que esperar dos horas más, hasta las 20.15, para que la compañía les comunicara la cancelación definitiva: «Nos informaban a través de SMS de las supuestas nuevas horas de salida del vuelo, que no se cumplían. Entonces fue cuando nos devolvieron a la terminal en un autobús».

Para más inri, en el aeropuerto de Praga, aseguran, no hay ningún mostrador de Ryanair, sino que todo funciona a través de una «subcontrata» que es la encargada de dar la información. Cuando los pasajeros llegaron, pusieron la reclamación, pero se encontraron con un nuevo impedimento: no se hacían cargo de nada. Los trabajadores les informaron que todo lo tenían que hacer por su cuenta y adelantar ellos el dinero, para que después Ryanair se lo rembolsase. «Nos dijeron que no tirásemos las facturas, pero no hicieron nada por nosotros. Muchas personas tuvieron que dormir en el aeropuerto porque no tenían diero para adelantarlo», cuenta Ángel, que hace hincapié en la difícultad de encontrar un hotel con tan poco tiempo de antelación y a un precio asequible para todos los viajeros. La compañía, por su parte, asegura que «todos los clientes recibieron alojamiento».

Tras la noche, les llegó por el mismo medio la información de que el avión finalmente despegaría a las 10.00 horas de hoy, lunes. La sorpresa fue mayúscula cuando al subir al avión vieron que estaban realizando todavía el proceso de descongelación. «Todo estaba igual, era el mismo avión en el mismo sitio. Pensábamos que eso se haría a priori», continúa el afectado. Después de tantas horas comenzó la tensión. «Llegamos a creer que el problema estaba en el avión, que había algún tipo de fallo mecánico». La gente comenzó a desesperarse. Querían bajar de la aeronave. Ya no confiaban. «Estas cosas pueden pasar, pero siempre debería informarse a los pasajeros, con transparencia. Nunca nos dieron información completa. Cambiaban cada poco de hora... Al final, lo tenso se tornó en cómico porque nadie se creía nada».

El despegue sufrió, otra vez, un retraso, pero esta vez de dos horas. Una chica española que trabaja en Praga debía llegar esta mañana a Madrid para someterse a una operación. La cancelación del vuelo se lo impidió. Por culpa de lo sucedido ahora debe esperar a que le den cita de nuevo en la seguridad social.

Tras 26 horas, los 200 pasajeros aterrizaron en Madrid al mediodía. Directos se fueron al mostrador de la compañía para pedir las hojas de reclamaciones. No tienen nada que les garantice que la compañía hará el reembolso, pero esperan una compensación por las horas extras y por los gastos de la noche: «Si no, nos planteamos presentar medidas en común o hasta una demanda colectiva».