Aspecto actual del Paseo de la Castellana
Aspecto actual del Paseo de la Castellana - ISABEL PERMUY
CURIOSIDADES DE MADRID

El arroyo del Carcavón, el «hermano pequeño» del Manzanares que da nombre a la Castellana

Con un caudal irregular, en una subida llegó a atrapar al rey Carlos II y a doña Mariana de Austria

MadridActualizado:

Existe un dicho popular, transmitido entre generaciones con calculada ironía, que dice que «el Manzanares es el único río navegable a caballo». La frase, cómo no, alude a su caudal irregular a su paso por Madrid; aunque lo más correcto sería definirlo como ausente. Sus características en el trazo urbano, sin embargo, no son exclusivas. Aunque lleva cientos de años desaparecido, en el siglo XVII existió un riachuelo que, a pequeña escala, tuvo una fisonomía similar. Con desembocadura en el propio Manzanares, era conocido como el arroyo de la Castellana, del Prado o del Carcavón, y de ahí el nombre actual de una de las principales arterias de la capital.

Según recoge José del Corral en su libro «Sucedió en Madrid» (La Librería. 2000), el eje que hoy conocemos como Prado-Castellana fue un cauce natural de agua. Soterrado en tiempos de Carlos III, en cuestión de décadas abandonó su apariencia embarrada para erigirse como uno de los paseos más admirados de la vieja Europa. No obstante, las crónicas y escritos resucitan su naturaleza primigenia.

Uno de los episodios más destacados fue el que protagonizaron el rey Carlos II y su madre, Mariana de Austria. Narra Del Corral que en septiembre de 1680 ambos fueron a rezar a la Virgen de Atocha. Para llegar a la iglesia, a la que se trasladaron en carro, era necesario pasar por el Prado, territorio antagónico al actual y marcado por el paso del arroyo. En principio, no había ningún problema porque el nivel del agua era fundamentalmente bajo, pero surgió el imprevisto. A la ida no hubo mayor inconveniente, pero pasadas unas horas el cauce se desbordó y anegó todos sus alrededores. El carruaje que portaba al «Hechizado» y a la Reina Madre no pudo si quiera comenzar el camino, con la obligación de dar la vuelta y esperar a la bajada en el Palacio del Retiro. Estas subidas repentinas, también habituales en el célebre Manzanares, eran algo a lo que se tuvieron que acostumbrar las gentes de Madrid.

Si bien este arroyo aparece en numerosas hipótesis que explican el nombramiento de la Castellana, también hay que tener en cuenta la fuente de la Glorieta de Emilio Castelar, como ya se explicó desde estas líneas en una curiosidad anterior, bautizada como fuente de la Castellana. La misma, levantada en honor a Isabel II, marcaba el punto donde nacía el riachuelo.