Que 227 años no son nada para Cibeles

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Para ella, para la gran diosa de la Tierra, la fecundidad y la agricultura, pocas cosas han cambiado. Desde que en 1782 saliese de los andamios con la que la cincelaron los escultores que digiría el arquitecto Ventura Rodríguez, ahí sigue mirando el devenir de los madrileños. Eso sí: si en 1782 contemplaba en el suntuoso Salón del Prado al dios de todas las aguas y todos los mares, a Neptuno, desde 1895 lo hace hacia el primer tramo de la calle Alcalá, tras el traslado que sufrió al centro de la plaza y que ocasionó una gran polémica entre los ciudadanos. Y ya no está flanqueda, como en la fotografía de 1855, por el Palacio del Duque de Sesto (ahora Banco de España) ni por el de Buenavista (ahora Cuartel General del Ejército). Al fondo, en la calle de Alcalá las cosas también han cambiado mucho, todavía no había llegado la silueta del edificio Metrópolis, pero permanecía la de la cúpula de la Iglesia Real de Calatrava.