Isabel Díaz Ayuso
Isabel Díaz Ayuso - Isabel Permuy
Opinión

Un alegato por la libertad

Un acto en favor de la libertad acabó con el rapto de los asistentes, entre los que se encontraba la comunidad judía, gitana y homosexual

MadridActualizado:

Una de mis primeras actuaciones como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid ha sido celebrar un homenaje por las víctimas del Holocausto que, después de semanas de organización, por nada del mundo he querido dejar aparcado.

Se trata de un evento muy especial no sólo por mi reivindicación por la libertad y la vida, señas de identidad de nuestra cultura cristiana, del pueblo judío y del Estado de Israel. Sino también porque soy una mujer firmemente comprometida con combatir el discurso del odio.

Cuando me tocaba intervenir para clausurar el evento, la sala fue rodeada por un grupo de manifestantes del sector del taxi. Ironías de la vida, desde el atril veía abajo a mi izquierda a un grupo de personas que estaban secuestrando la libertad de los que veía de frente cuando giraba la vista.

Un acto en favor de la libertad que acabó con el rapto de los asistentes, entre los que se encontraban representantes de la comunidad judía, gitana y homosexual. Los manifestantes gritaban, pero nosotros estuvimos tranquilos.

¿Y ahora qué hago yo? Pensé: seguir porque nadie nos va a secuestrar.

Seguir defendiendo lo mismo aquí y en todas partes: libertad para que los ciudadanos elijan en libertad la movilidad de transporte que quieran; libertad para rememorar en libertad a las víctimas de uno de los mayores horrores de la humanidad; libertad para celebrar en libertad todos los actos que contribuyan a enriquecer el debate político en la sociedad madrileña; libertad del pueblo judío para vivir en libertad, para que los israelíes sigan teniendo libre su casa, la única democracia que hoy existe en todo Oriente Medio.

Libertad para que cualquiera pueda manifestarse para reivindicar sus condiciones laborales sin ser politizado pero respetando la libertad de los demás sin secuestrar la movilidad de la capital del país.

Y también, coraje para afrontar estos y todos los debates que la vida nos vaya presentando. Sin dejación de funciones, sin cobardía ni comodidades. Porque si la política, como la vida, es fácil, quizá sea porque se están viviendo erróneamente.