Plano general de la Gran Vía; a la izda., el presunto agresor/ VÍDEO: Una pareja gay denuncia una agresión homófoba en el centro de Barcelona - ABC/ ATLAS

Agresión homófoba en Gran Vía: «¡Tortilleras, tendríais que estar en una cuneta!»

El atacante amenazó a dos mujeres y realizó tocamientos a una de ellas tras pedirles 20 céntimos

MadridActualizado:

Ángela aún se pregunta por qué. Por qué un paseo agradable junto a una amiga derivó en una agresión homófoba y machista en pleno centro de Madrid. Por qué todas las personas que se toparon con la desagradable escena, salvo un chico, decidieron pasar de largo. Por qué aquel hombre, al que nunca habían visto, siguió insultándolas y amenazándolas hasta que llegó la Policía. Los interrogantes se tiñen de impotencia a media que avanza el relato. Pasaban pocos minutos de las diez de la noche del pasado lunes cuando un hombre pidió a las dos jóvenes 20 céntimos. Ambas se pararon a mirar, pero ninguna llevaba dinero en efectivo. Amablemente, le dijeron que no, pero la respuesta, a tenor de los hechos, no resultó suficiente para su interlocutor.

Sin apenas mediar palabra, el hombre tocó el culo a la amiga de Ángela. «Nos quedamos en shock y le recriminamos que por qué había hecho eso», cuenta la propia Ángela, sin entender lo que iba a ocurrir a continuación: «Empezó a increparnos, a decir que la culpa de que las mujeres murieran era de los maricones y que íbamos a acabar todas en una cuneta». Pese a que el inesperado ataque, desatado a la altura del número 18 de Gran Vía, fue observado por numerosos transeúntes, solo una persona fue capaz de interponerse entre las víctimas y el agresor.

«No quiero juzgar a nadie, porque no todo el mundo reacciona de la misma manera», prosigue Ángela, al tiempo que da las gracias al chico que esperó con ellas a que llegara la Policía: «Se puso en medio porque no paraba de acercarse a nosotras, mientras seguía llamándonos tortilleras y otras cosas peores». En un momento dado, también amenazó al hombre que las protegía al grito de «maricón». «No te metas, que te doy un puñetazo y te mato», llegó a decirle. Pasados 20 minutos, una patrulla de la Policía se personó en el lugar y tomó los datos de todos los implicados. Tal era el grado de temor de las jóvenes, de 23 y 26 años, que en ese momento no quisieron presentar denuncia, por lo que el atacante no fue detenido.

Aunque habían llegado al centro en Cercanías para cenar y dar una vuelta, ambas optaron por volver a la estación y marcharse a sus casas. «Solo queríamos irnos», recuerda Ángela, conscientes de que nunca habían vivido una situación así: «Alguna vez he tenido que escuchar comentarios del tipo “no vayas de la mano de tu pareja” o “necesitas un buen polvo”, pero hasta que no sientes que puede pasar algo grave, no te das cuenta del riesgo que realmente puedes correr».

A la mañana siguiente, Ángela habló más tranquila con su hermano y decidió acudir a comisaría para denunciar lo sucedido. Su amiga, en cambio, prefirió no hacer lo propio: «Ha vivido hace poco otro caso de acoso y entiendo que quiera mantenerse al margen». Lejos de desanimarse, la joven publicó el episodio en su cuenta de Twitter, desatando de inmediato una ola de solidaridad. Además de revelar por escrito la agresión, subió varios vídeos que ella misma grabó mientras el propio sujeto las insultaba: «Pensé que si no le grababa, nadie nos iba a creer».

En la secuencia, el individuo, con acento argentino y bastante mayor que sus víctimas, profiere entre gritos que «las mujeres se creen que mandan, pero luego las matan». Cuestionado por sus actos, no muestra arrepentimiento ni tiene miedo a ser denunciado. «Estos juicios duran años», responde una de las veces. Con la manifestación del Orgullo a la vuelta de la esquina, Ángela y su amiga tienen claro que esta vez acudirán con más ganas que nunca. «El amor no es un delito y todos tenemos derecho a vivir felices y tranquilos», concluye, no sin antes dejar una reflexión final: «Hay que inculcar a los niños valores fundamentales como el respeto y la igualdad. El amor es lo que mueve el mundo y debería dar igual si es entre hombres y mujeres, o personas del mismo sexo».