La precaria situación sociosanitaria del poblado llevó a la Comunidad a instalar allí la sala de venopunción. Javier Prieto

La Agencia Antidroga arremete contra el informe policial sobre Las Barranquillas

Molesto. Así se siente el responsable de la Agencia Antidroga por el informe policial que alerta del riesgo de enfermedades infecto-contagiosas en Las Barranquillas y que habla de la escasa utilización de la narcosala. «Ya sabíamos que la situación era preocupante, por eso instalamos allí la sala de venopunción, que ha supuesto un freno al VIH y a la hepatitis y que ha sido utilizada en diez meses por 2.300 personas».

MADRID. M. J. Álvarez
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El informe realizado por el grupo antidroga de la Comisaria de Villa de Vallecas en el que advertía sobre «el riesgo de enfermedades infecto-contagiosas y el peligro de su extensión por las deficientes condiciones sanitarias y de salubridad» del poblado marginal de Las Barranquillas, el principal hipermercado de drogas de España, ha causado un hondo malestar en el erente de la Agencia Antidroga, José Cabrera.

«La Policía no es quien para hacer interpretaciones y evaluaciones sanitarias porque no las conocen y se equivocan, como tampoco nosotros los somos para analizar sus actuaciones y además no descubre nada nuevo. Sus datos sobre que los porcentajes de VIH positivos pueden superar el 40 por ciento y la hepatitis B y C el 70 por ciento entre los toxicómanos proceden de la Comunidad».

Precisamente por ello, «nos arriesgamos para abrir allí el dispositivo asistencial de venopunción, que en sus diez meses de funcionamiento ha hecho una labor importante para frenar el sida y la hepatitis como ningún otro centro sanitario en España porque en ese lugar están los drogodependientes más marginales».

A este respecto, desmintió, como indica el informe que la narcosala se utilice poco: «Cada día pasan por ella 150 usuarios distintos que hacen algo tan simple como «lavarse las manos, y se les ofrecen jeringuillas nuevas para que se inyecten con las debidas garantías higiénico sanitarias». Según sus datos, en diez meses, han pasado por ella 2.300 personas, casi la mitad de las 4.000, que según los agentes van a poblado a abastecerse, hecho que Cabrera puso en tela de juicio. En su opinión, la cifra de usuarios constituye un éxito sin precedentes. «Es cierto que, a pesar del freno que supone este dispositivo en el contagio de enfermedades asociadas al consumo de drogas, no es la solución a un problema que tiene muchos palos. Nosotros hacemos frente al nuestro que es la atención socio-sanitaria y la prevención y la Policía tiene que afrontar la reducción del tráfico y los delitos». Cabrera agregó que en Las Barranquillas el porcentaje de la población que comparte jeringuillas -la principal vía de transmisión del sida y hepatitis- no supera el 6,5 por ciento, «la cifra más baja de toda la historia», ya que apenas hace tres años alcanzaba el 50 por ciento. «Si esto no es luchar contra estas enfermedades que venga Dios y lo vea».

En un año, la Agencia Antidroga ha recogido y destruido más de 1,2 millones de jeringuillas usadas, la tercera parte del total nacional. Junto a ello, el gerente destacó que en los últimos cinco años los programas del reducción del daño han provocado que el sida entre los toxicómanos se reduzca a la mitad, al pasar de un 70 por ciento de contagios a un 34 por ciento «los porcentajes más bajos desde el comienzo de la epidemia».

Las relaciones del personal de la narcosala con los agentes son buenas, «únicamente no aceptamos a la gente que acude de visita como si fuese un zoológico, cuando ese es un lugar de dolor». La solución al problema de la zona «es integral y pasa por una estrategia policial, judicial política y sanitaria, es difícil». Respecto a las declaraciones del Delegado del Gobierno sobre el Plan Nacional sobre Drogas, en las que decía que la Comunidad es la responsable de la atención sanitaria, no las ven como un ataque: «es verdad lo que dice y nos ha apoyado siempre».