Adiós, raúl

Adiós, raúl

Ignacio Ruiz Quintano
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Lo peor de la Noche Triste de Liverpool es la posibilidad de abrirle las puertas del Bernabéu a Benítez, que es un entrenador de pobres y para pobres, como delatan sus tácticas y sus maneras. Y lo mejor de la Noche Triste de Liverpool es que Gallardón podrá aprovechar la fiesta de San Isidro para despedir a Raúl con la Medalla de Oro de Madrid, en compañía del vate Sabina y del emo Tomás, cuya Medalla de las Bellas Artes ya viaja, por Seur, con destino al cofre de un notario de la capital. Marketing y glamour. Lo del vate Sabina y lo del emo Tomás en el guateque gallardoní de San Isidro tiene que haber sido cosa de Cobo. «Todo lo de Mariano lo hago mío», dice Gallardón. Y todo lo de Cobo, sabemos que también. Es verdad que un día, en la checa de Bellas Artes, el vate Sabina pidió el voto útil para Zapatero, el Mugabe de León, porque «urge parar a Rajoy», que es el Mariano de Gallardón. ¿Fue aquel día cuando le dio las yoyas a Mendiluce? Es igual: Sabina paró a Rajoy, y Gallardón, haciendo suyo lo de Mariano, le da la laureada madrileña a Sabina. Y a Tomás, claro, de quien habla Gallardón como si lo hiciera de Tórtola Valencia, la Tórtola del toreo, una especie de carpa fría, dice Ruano, que cultivaba su tremendismo con un sentido comercial profundamente inteligente. Hablando de un bárbaro caudillo criollo que en uno de sus viajes a América se había enamorado de ella, Tórtola, retratada por Zuloaga en «La maja», contaba: «¡Qué gentileza! Imaginaos que yo bailaba entonces la danza de Salomé y cada noche me enviaba al teatro una cabeza recién cortada para que la pusiera en la bandeja...» La derrota de Liverpool y la medalla de Madrid es la conjunción ideal para el puente, no de plata, sino de oro, que la vida le pone a Raúl para decirnos adiós. Ha sido en el fútbol lo que su amigo Ponce ha sido en el toreo, el más grande, y al guateque gallardoní de San Isidro merecía ir solo. O en compañía de otros.

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