Uno de los detenidos por la Policía Nacional en la operación Aikon II
Uno de los detenidos por la Policía Nacional en la operación Aikon II
Sucesos

Así actuaba la mafia georgiana que desvalijaba pisos

Ponían «testigos» en los marcos de las puertas y accedían al interior con herramientas que fabricaban ellos mismos. Desde su desarticulación este delito ha bajado un 27% en la región

MadridActualizado:

La Policía Nacional ha asestado el mayor golpe en España a las mafias georgianas, responsables del incremento de los robos en viviendas en la región, al detener a 61 sujetos, 37 de los cuales están en prisión. En la operación Aikon II han caído todos menos el líder, o ladrón de ley, que controlaba la red criminal desde Italia. Con la desarticulación de esta red, han bajado un 27% estos asaltos en los últimos meses.

Las investigaciones empezaron hace un año, a raíz del repunte de este delito por el método del ganzuado. Los agentes constataron que varios de los arrestados el verano anterior (Aikon I) se estaban reorganizando y perfeccionando su modus operandi. Averiguaron que se dividían en nueve células independientes con base en Madrid y ramificaciones en otras ciudades y con lazos internacionales.

El cabecilla, Vladimir Steymberg, había sido expulsado de su país en 2014 por secuestro, asesinato y compra ilegal de armas. Estuvo en España en mayo y se tuvo que marchar a Italia tras ser arrestado por falsificación documental. Este ladrón de ley o «vor v zakone» ejercía el mando a través de cinco «controladores», algunos con un trabajo legal para pasar desapercibidos. Ese era el caso de su lugarteniente, instalador de pladur en Sevilla o el de un vigilante de seguridad en Madrid.

El objetivo de la banda: joyas y oro. El nivel inferior lo ocupaban los asaltantes de pisos, heroinómanos que, tras acabar su «jornada laboral» compraban droga con el dinero que recibían o les facilitaban la sustancia, con lo que tenían garantizada su lealtad.

Pisos de seguridad

Después, daban salida a la mercancía en pisos de seguridad, regentados por un clan familiar de ocho españoles, que compraban la mercancía y fundían el oro. Separaban la entrega del botín y la del dinero, en lugar de ir a los establecimientos de compro-oro como antaño. Luego enviaban a su país de origen el efectivo, que servía para la caja común: dar sustento a las familias de los miembros que ingresan en prisión y pagar a los abogados.

Las gestiones realizadas alrededor de las personas encargadas de la receptación permitió descubrir los numerosos contactos internacionales de la organización no sólo con Georgia, sino con otros países como Alemania e Italia.

Cada una de estas células podía obtener en una semana 5.000 euros, una vez «colocado» el botín

Antes de perpetrar los robos realizaban el «método de la siembra»: ponían testigos de plástico o de cartón en los marcos de las puertas. Cuando en el piso no había nadie, entraban y arramplaban con los objetos de valor. Se hacían varios de una tacada y luego cambiaban de zona.

Cada una de las células podía obtener en una semana 5.000 euros de rendimiento limpios, lo que da idea del volumen de su actividad. Además, fabricaban sus propias herramientas para abrir las puertas: como el «zorro», radios de varillas de bicicletas llamadas así por su forma, y la «azada», una ganzúa biselada que se emplea junto a un tensor. La primera se usa cuando no se ha echado la llave, la otra, cuando se ha dado la vuelta.

Así lo explicaron ayer en rueda de prensa el jefe superior de Policía, Alfonso Fernández Díez y la delegada del Gobierno, Concepción Dancausa, entre otros. En la operación ha colaborado Europol y las policías de Francia y Georgia, fundamental para atajar este tipo de delincuencia que ataca a la UE.

Los mandos policiales aconsejaron a la población que cierren siempre con llave la puerta y que inviertan en seguridad y adquieran cerraduras homologadas y que cumplan todos los estánderes de calidad exigidos en la Unión Europea.