Víctor Joel Salas durante la entrevista
Víctor Joel Salas durante la entrevista - Maya Balanyà
Entrevista

El abogado que se libró de la matanza de Usera: «Tuve miedo hasta que detuvieron al presunto homicida»

El objetivo del acusado, un exmilitar de EE.UU., habla en exclusiva para ABC. «Me sentí culpable y me derrumbé, pero me puse en pie por las tres víctimas para que se haga justicia»

MadridActualizado:

El próximo 22 de junio se cumplirán tres años de los asesinatos cometidos, presuntamente, por un marido celoso en el despacho del abogado peruano Víctor Joel Salas situado en Usera. El supuesto homicida, Dahud HandOrtiz, de 54 años, exmilitar de EE.UU., nacido en Venezuela, acudió a vengar la infidelidad. No le encontró. Y se desató la masacre. Acuchilló a las cubanas Elisa Consuegra, de 33 años, su mujer; mató a palancazos a Maritza Osorio, de 46, y a Jhon Pepe Castillo, un cliente ecuatoriano que llegó después. Luego, prendió fuego al inmueble y huyó. Cuando el letrado llegó, la masacre se había consumado. El supuesto homicida fue detenido en Venezuela en octubre pasado. Ahora, Salas se decide a hablar. Algunos dicen de él que es un personaje oscuro.

¿Se siente culpable porque tres personas murieron en lugar de usted?

Al principio, sí. Me siguen doliendo sus muertes; ellas eran como de mi familia. Pero, a tenor de como se sucedieron los hechos, comprendí que nada ni nadie pudieron parar semejante atrocidad. Ahora tengo la necesidad de que se haga justicia para que estos homicidios no queden impunes.

¿Qué siente hacia él?

No le odio; sería infeliz y ese es su propósito. Él no se siente culpable, para él los culpables son los demás.

¿Se derrumbó?

Sí, pero estoy de pie. Me aferré al trabajo: necesitaba dinero para realizarle un seguimiento. Sabía que si no me levantaba, nunca se le iba a detener.

¿Tiene o ha tenido miedo?

Lo he tenido hasta que fue apresado. Me pusieron escolta y me volví dependiente. Pensé que era lo que él quería: que no viviera. Con la muerte de ellas parte de mi murió, pero debía salir adelante por ellas.

Venezuela ha iniciado los trámites para juzgarle tras rechazar su extradición. ¿Confía en que se haga justicia?

Lo dudo por la incertidumbre política y jurídica del país.

Se barajaron varios móviles. ¿Cuándo le pasó por la cabeza que pudiera ser un marido celoso?

Lo relacioné cuando la Policía me mostró una botella de agua achicharrada y el tapón de la marca Volvic, comercializada en Alemania, donde vivían él y su ex (quiere que se omita su nombre), con la que yo mantenía una relación esporádica. Ahí llevó la gasolina.

¿Ella le fue infiel?

No. Rompieron seis meses antes, estaban en proceso de separación. Su historia no funcionaba desde 2012, cuando entró en prisión por un tema de falsificación de documentos en EE.UU. para ascender a capitán. Eso le costó su expulsión.

¿Y usted no engañó a Elisa, con la orquestó un matrimonio de conveniencia para que ella obtuviera los papeles?

No. Ella vino con su documentación. Era abogada, trabajamos juntos y nos enamoramos. Nos casamos en 2015 y antes de que yo estuviera con la ex de Dahud, rompimos. Eli homologó aquí su título y yo la ayudé. Le pagué el máster que costó 6.000 euros y fuimos juntos a un juicio. El primero y el último. Estábamos muy contentos.

¿Cómo es Dahud?

Un psicópata extremadamente egoísta: si él no es feliz, no permite que otro lo sea. Él no vino a matarme porque otro hombre le quitó a su mujer. Pretendía hacerle daño a ella. Sabía que si me mataba, sufriría, nunca se descubriría qué ocurrió en España y él estaría a su lado.

Ya le había amenazado...

Sí, la noche de los crímenes recordé ante la Policía que a primeros de junio, cuando estaba hablando por teléfono con su ex, alguien le arrebató el aparato y me dijo: «Soy su marido. Sé quién eres. Me han entrenado para matar y lo haré». Al día siguiente me llamó, me pidió perdón y me explicó que actuó bajo los efectos de las drogas, que no era agresivo. Jamás imaginé que cumpliría sus amenazas.

¿Cuándo lo descubrió?

Al ver cómo lo planeó todo. Llamé la misma noche del día 22 a su ex. Le pedí que se comunicara con él y no contestó. Antes sí lo hizo: le envió su ubicación por WhatsApp, el tique de una consumición y le dijo que estaba viendo el fútbol con un amigo, todo ello inhabitual. Le dije: «Ponte a salvo».

¿Era su coartada?

Sí. Al amigo le dejó su teléfono y le pidió ese favor con la excusa de que se iba a ir con otra mujer. Dahud llegó a España con otro aparato y habló con su ex a través del de su amigo. Ese número, que conservaba ese hombre año y medio después, le situó en mi casa el día de los asesinatos a las 6 de la mañana y a las 14 horas en el bufete.

Si usted era el objetivo, ¿por qué no le mató?

Me confundió con Jhon Pepe. Maritza sacó la barra que teníamos para defender a Eli al oír gritos. Cuando el cliente llegó, le golpeó con la barra por detrás sin verle la cara. Vino para asesinarme e irse a Alemania. Por eso quería hacer ver que estaba ahí.

¿Pero, por qué mató a las mujeres?

Llegó sin cita. Yo estaba en un juicio; le dijeron que regresaba a las 17 horas. Se metió en el baño y, como no salía, Eli debió tocar la puerta, él abrió, la acuchilló y la condujo al despacho. Maritza se acercó con la barra y en el pasillo la redujo, la apuñaló, la golpeó y la dejó junto a Eli. Permaneció ahí desde las 14.30 horas, se metió en mis ordenadores sacó los discos duros..., hasta que llegó Jhon.

Está vivo por un error del presunto asesino y se llegó hasta él por otro. ¿Cree en las casualidades?

No. Creo en las circunstancias.Estoy vivo por las torpezas que cometió. Si me hubiera matado, no se habría llegado al autor de esta carnicería.