Investidura de Tarradellas como presidente de la Generalitat, en octubre de 1977
Investidura de Tarradellas como presidente de la Generalitat, en octubre de 1977 - Archivo ABC
La Transición Española

La «indiscutible unidad de España» a la que un día se abrazó la Generalitat

Así fueron los primeros pasos del autogobierno catalán a finales de los años 70, con Tarradellas al frente

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La Generalitat catalana, ahora convertida en punta de lanza del independentismo, renació durante la Transición abrazada al argumento de «la indiscutible unidad de España». Paradójico tránsito, con 40 años y un puñado de meses de recorrido. La coletilla quedó recogida, a conciencia, en el decreto con el que el Gobierno de Adolfo Suárez reinstauró la Generalitat.

La Generalitat rebrotó oficialmente en un momento especialmente delicado, a finales de 1977. La Constitución aún no había visto la luz, ni siquiera había un borrador consistente, y la democracia tenía que guardar el equilibrio para abrirse paso y esquivar los riesgos a los que se enfrentaba. Trataba de contentar las presiones centrífugas de los nacionalismos vasco y catalán; y, a la vez, contener los recelos de quienes veían las dinámicas descentralizadoras una ofensiva contra la unidad de España.

Con ese delicado telón de fondo, la reunión del Consejo de Ministros del 29 de septiembre de 1977 dio luz verde al renacimiento de la Generalitat. La medida quedó sustanciada en el decreto ley 41/1977, «sobre restablecimiento provisional de la Generalidad de Cataluña». Lo de «provisional» respondía al carácter transitorio del proceso, ya que la Generalitat –como el resto de instituciones autonómicas- pasarían a estar definitivamente conformadas una vez aprobada la Constitución de 1978, con la que se fundó el Estado de las Autonomías.

Aquel decreto del 29 de septiembre de 1977, aprobado por el Gobierno de Suárez, definía a la Generalitat catalana como «una institución secular, en al que el pueblo catalán ha visto el símbolo y el reconocimiento de su personalidad histórica dentro de la unidad de España». Y en otro párrafo se destacaba que el nuevo modelo de autogobierno regional quedaba supeditado y al servicio de la «indiscutible unidad de España».

La Generalitat quedaba así proclamada y justificada como parte, causa y efecto de la unidad del Estado. El catalanismo del momento, en el que ya despuntaba el liderazgo de Jordi Pujol, dio por bueno ese argumentario, no puso el grito en el cielo.

Aquel mismo decreto del Gobierno Suárez también decía que «la mayoría de las fuerzas políticas parlamentarias han reconocido también la conveniencia de proceder urgentemente a dicho restablecimiento» de la Generalitat.

Tal y como establecía el propio decreto, el nombramiento del presidente de esa nueva Generalitat se realizaría a propuesta del presidente del Gobierno. Es decir, de Suárez. Y el nombramiento no tardó en llegar, fue cuestión de días. El Boletín Oficial del Estado del 18 de octubre de 1977 el real decreto rubricado por Don Juan Carlos junto a la firma de Suárez, en el que Josep Tarradellasfue nombrado «Presidente de la Generalidad de Cataluña».