Macizo de Anaga
Macizo de Anaga - abc
LA RICA ESPAÑA

Macizo de Anaga: una isla que te traslada a épocas pasadas dentro de Tenerife

La nueva Reserva de la Biosfera ha conseguido su título gracias a cuatro factores: biodiversidad, patrimonio cultural, diversidad genética y presencia humana

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España ya es el primer país del mundo con mayor número de Reservas de la Biosfera. Junto a Estados Unidos, eso sí, que hasta principios de junio ostentaba tal posición en solitario, con 47 espacios distinguidos como tal por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Las dos nuevas incorporaciones son la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica, entre España y Portugal, y la Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga.

La Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga se localiza en el extremo nororiental de la isla de Tenerife, en el archipiélago canario, y se extiende por los municipios de Santa Cruz de Tenerife, San Cristóbal de La Laguna y Tegueste. Su superficie total asciende a 48.727 hectáreas (ha), de las cuales 15.489 ha corresponden al medio terrestre y 33.238 ha al medio marino.

En las zonas más altas te da la bienvenida un fósil viviente que cubría la cuenca mediterránea hace 40 millones de años. Sin embargo, las sucesivas glaciaciones se encargaron de borrarlo de la península ibérica. Y, ahora, el aire prehistórico que despiertan los bosques de laurisilva, con sus troncos retorcidos y llenos de musgo, solo se respira en parajes como el Parque Rural de Anaga, destacan desde la Consejería de Turismo del Cabildo de Tenerife.

El espacio tinerfeño es, además, Zona de Especial Protección para las Aves. Allí recala, por ejemplo, la pardela cenicienta, una especie muy común en España, aunque también muy desconocida debido a sus hábitos estrictamente marinos: se trata de una gran viajera que prefiere la oscuridad cuando se acerca hasta la costa a criar. Las palomas rabiche y turqué, consideradas reliquias vivientes y endémicas del archipiélago canario, suponen otros dos estandartes faunísticos del macizo de Anaga. Pero no son los únicos, por supuesto. En la franja marina que rodea el enclave, con puntos que alcanzan profundidades de hasta mil metros, se puede encontrar una anguila autóctona catalogada como en peligro de extinción. De hecho, la mayoría de taxones incluidos en el Catálogo Canario de Especies Amenazadas se hallan en los fondos de Anaga, pues constituyen importantes hábitats para la cría, alevinaje, alimentación y refugio de muchos peces, crustáceos, moluscos y equinodermos.

Dentro del Parque Rural de Anaga hay 26 núcleos o caseríos que suman un total de 2.000 personas. Sus habitantes se dedican, sobre todo, al cultivo a pequeña escala de productos tradicionales. Debido al aislamiento que el macizo ha tenido hasta hace poco tiempo han perdurado en su interior un gran número de variedades muy antiguas de viñas, papas o árboles frutales, llegando a tener cada valle las suyas propias, destaca el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Los roques (antiguas chimeneas volcánicas), los diques (fisuras rellenas de magma solidificado que parecen «muros» en medio del paisaje), los acantilados y los escarpadísimos barrancos tampoco faltan en la estampa del macizo de Anaga. Ni su mar de nubes.

Si visitas la Reserva de la Biosfera tinerfeña puedes optar por muchos planes: senderismo, mountain bike, paseos a caballo, buceo, surf, esquí naútico... O simplemente puedes descalzarte, dado que los profundos valles y barrancos que conforman el macizo de Anaga descienden hasta rozar el mar y formar numerosas playas de fina y brillante arena negra volcánica. Necesitarás protector solar y chubasquero (porque el clima cambia de forma abrupta); calzado deportivo para las zonas escarpadas y, por supuesto, bañador para darte un buen chapuzón.