El Gobierno se queda solo con su reforma laboral

El «decretazo» se convalida con los 168 «síes» del PSOE, pero «ganó» la abstención con 173 votos La oposición reprocha a Zapatero su «falta de credibilidad» y las promesas incumplidas de los últimos años

MADRID Actualizado:

La reforma laboral que presentó ayer el Gobierno en el Congreso para su convalidación recibió el mismo entusiasmo por parte de la oposición que el que puso el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, para defenderla: ninguno. Ganó la abstención por mayoría, y el Gobierno se quedó solo, con toda la oposición enfrente sin ceder ni un milímetro en su desconfianza hacia la política económica de José Luis Rodríguez Zapatero.

Los votos afirmativos del Grupo Socialista bastaron para dar luz verde el Real Decreto-Ley de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral, que no fue derogado sólo porque ahora será tramitado como Proyecto de Ley y los grupos tendrán oportunidad de cambiar su contenido.

El decreto-ley se convalidó con 168 votos a favor (PSOE), 8 en contra (ERC-IU-ICV, BNG y Na-Bai) y 173 abstenciones (el diputado socialista Antonio Gutiérrez, PP, CiU, PNV, Coalición Canaria, UPyD y UPN). Sólo faltó la portavoz de CC, Ana Oramas, de baja por una operación. Los 349 diputados presentes aprobaron por unanimidad que se tramite como ley.

El «decretazo» de la reforma laboral aterrizaba el Congreso tras saltar por los aires la paz social, uno de los pilares fundamentales de la legislatura utópica de Zapatero, y después de más de dos años de legislatura, en los que parte de la oposición ha exigido una y otra vez cambios en el mercado de trabajo, mientras el presidente del Gobierno no quiso saber nada de eso, e incluso lo utilizó como arma arrojadiza contra los populares. La reforma laboral fue un «tabú» para el PSOE durante dos años, y ahora, con prisas y por exigencias de la Unión Europea, el Gobierno ha presentado un texto sin apoyo social ni político.

El balance de este proceso ha sido devastador para el Ejecutivo: ruptura del diálogo social, convocatoria de la primera huelga general en el mandato de Zapatero el 29 de septiembre, divorcio con toda la izquierda minoritaria y exhibición de su incapacidad para llegar a un solo acuerdo con algún grupo de la oposición. La mayoría del Parlamento está, hoy por hoy, enfrentada al Gobierno, que por sí solo no tiene fuerza suficiente para sacar adelante las reformas pendientes, y tampoco goza de la confianza y credibilidad de los portavoces de la oposición, como quedó de manifiesto una vez más ayer en el debate.

El PP y CiU confirmaron ayer su abstención con unos minutos de diferencia. Ambos se han estado mirando de reojo en los últimos días para no ser los primeros en descubrir sus cartas y aparecer como los «salvadores» del Gobierno gracias a sus abstenciones, que al PSOE le servían igual que si fueran votos afirmativos. Tanto la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, como el de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, subrayaron además que esta no es «su» reforma laboral, sino la del Gobierno. No podían votar en contra para ser consecuentes con ellos mismos —llevaban años pidiendo la reforma—, pero tampoco podían hacerlo a favor porque no comparten el núcleo del decreto, sobre todo lo que tiene que ver con la negociación colectiva y con la contratación.

Despido más barato

El ministro Corbacho aseguró, ante un hemiciclo con media entrada, que la reforma laboral «no abarata el despido», ya que cualquier trabajador con contrato indefinido, dijo, recibirá la misma indemnización antes y después de la reforma, es decir, 45, 33 o 20 días según el tipo de contrato y la causa de extinción. Fue el único, junto al portavoz socialista, José Antonio Alonso, que lo interpretó así, porque el resto se encargó bien de poner el dedo en la llaga y restregar al Gobierno que hace lo que Zapatero prometió una y otra vez que no haría: abaratar el despido, porque se generaliza el contrato de 33 días y porque la indemnización de los 20 días está inmersa en la ambigüedad.

Cuando el ministro de Trabajo acabó su intervención —apenas 10 minutos para explicar una de las reformas más trascendentales de la legislatura y de los últimos tiempos—, Zapatero abandonó su escaño y no volvió hasta que el diputado de CiU Carles Campuzano tomó la palabra, y había pasada todo el chaparrón de la izquierda y los grupos más pequeños. El Gobierno ha puesto su mirada en el Grupo Catalán para pactar a partir de ahora, por el procedimiento de urgencia, el proyecto de ley.

El debate sirvió para comprobar las ganas que tiene el PSOE de pactar con el PP: por lo que se vio son más bien pocas. Sáenz de Santamaría recitaba las promedas incumplidas de Zapatero y concluía que el principal problema de la economía es el presidente del Gobierno. Subrayó que es necesaria una reforma laboral, pero no la que «defendió» Corbacho, sino otra que sirva para crear empleo. Y los socialistas se mofaron de la posición del PP por no presentar ninguna medida concreta. «Al PP le importan un bledo los trabajadores y el modelo productivo, sólo les interesa llegar al poder», soltó Alonso. «Ya veo el talante que tienen para mantener negociaciones», comentó Santamaría.

La debilidad del PSOE se puso de manifiesto otra vez minutos después, cuando cayó derrotado en el Pleno, al aprobarse una moción del PP que pide al Gobierno la paralización de las obras del AVE bajo al Sagrada Familia de Barcelona. Es la derrota número 25 del PSOE en Pleno.