A la izquierda, la península ganada al mar hace un año. A la derecha, la semana pasada, en la que se ve los camiones echando toneladas de tierra - PABLO D. ALMOGUERA

Gibraltar avanza en su ocupación de las aguas territoriales españolas

La superficie ganada al mar por los «llanitos» no deja de aumentar, mientras sigue el acoso de la Royal Navy a las patrulleras de la Guardia Civil

GIBRALTAR Actualizado:

Las pretensiones expansionistas de Gibraltar en aguas territoriales españolas continúan adelante. Aunque de manera sutil, «a diario entran camiones y piedras para el relleno», denuncia a ABC el diputado nacional del PP José Ignacio Landaluce. «La expansión no se detiene. No está parada», afirma con rotundidad el diputado, que critica una y otra vez la inacción del Gobierno y, en particular, del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos sobre este asunto.

La invasión prosigue a pesar de que la recesión económica la haya ralentizado. El diputado explica que «la crisis económica ha influido en el desarrollo de los planes urbanísticos, y Gibraltar no es una excepción. No obstante, a pesar de esta circunstancia, los trabajos continúan, aunque lo niegue el Gobierno del Peñón. La “joroba” de tierra que se utiliza para los rellenos esta ahí, no se puede esconder».

Las autoridades del Peñón incumplen los acuerdos alcanzados

Las dimensiones de esta acumulación de áridos, y todo tipo de materiales de relleno, han aumentado considerablemente con respecto al año pasado. Se aprecian nuevas carreteras, entre las enormes montañas de material de echadizo sobre las que se desplazan los camiones llenos de arena. «Es una cosa suave, poco perceptible, pero que está ocurriendo», dice el representante del PP.

Ubicados en un «punto ciego» de la Roca y ocultos por las obras de ampliación del aeropuerto gibraltareño, el objetivo original de estos depósitos de arena es el de ganar terreno al mar y obtener la superficie suficiente para poder edificar un macrocomplejo urbanístico, diseñado por el arquitecto Norman Foster, que consiste en construir unas 2.200 viviendas de lujo y otros equipamientos bajo el nombre de «Sovereign Bay».

El plazo de conclusión de las obras estaba estipulado en 2014 y también incluían la construcción de un puerto deportivo con 500 atraques y al menos dos hoteles de cinco estrellas. No obstante, desde el estudio del prestigioso arquitecto se han desmarcado de la

polémica, remarcando que su trabajo únicamente consistió en diseñar un proyecto.

Consecuencias ya visibles

La superficie inicial necesaria para ejecutar los trabajos es de unas quince hectáreas y el Gobierno gibraltareño está decidido a conseguirlas a costa de ocupar aguas territoriales españolas. La costa Este del Peñón ya evidencia las consecuencias de los continuos vertidos que se han producido en los dos últimos años. Desde el mirador al que acuden los turistas para ver los famosos monos y el tráfico de buques en el Estrecho se aprecia una franja oscura en ese punto del litoral consecuencia de los áridos depositados. Una línea en el fondo del mar junto a la que se observan construcciones antiguas cuyos pilares emergen del agua y a las que no se puede acceder porque el paso por tierra sólo está permitido a los residentes.

«Dentro de nada, estarás en cualquier playa de Algeciras y llegará un “bobby” a pedirte la documentación», señala con ironía Landaluce, que critica la «permisividad del Gobierno ante un hecho tan grave».

Esta actitud de Gibraltar incumple los tradicionales acuerdos alcanzados entre España y Reino Unido ya que, de acuerdo con el Tratado de Utrecht, a los británicos únicamente se les cedía el puerto, las aguas interiores, el castillo y las defensas. Ahora hay un aeropuerto en crecimiento, campos de fútbol, bloques de 20 pisos de altura y dos pequeñas playas, entre otros lugares y elementos.

Según el citado tratado, España es «la única titular de las aguas que rodean el Peñón», algo que incumple en reiteradas ocasiones el Ejecutivo de Peter Caruana y que, como se apunta desde disntintas fuentes, queda reflejado en los continuos enfrentamientos entre la Guardia Civil y la Royal Navy, que se dedica a hostigar a los agentes españoles.

El último episodio tuvo lugar hace diez días, cuando tres

guardias a bordo de una zodiac tuvieron que perseguir a una moto náutica con matrícula de Gibraltar que huía de aguas españolas. Se escondió en las boyas de la playa de Poniente, en el Peñón, y allí los agentes del Servicio Marítimo de Algeciras fueron insultados por los bañistas. El individuo colocó la popa de la moto delante de la lancha y los empapó, entre el alborozo general. Desde el centro operativo se pidió permiso para actuar pero la Policía gibraltareña lo denegó. Era un delincuente con antecedentes, según comprobaron.

Órdenes no escritas

«La relación con los policías es buena, pero si nos echan un cable son ellos los que se meten en líos porque tienen órdenes claras, ya que la oposición está machacando a Caruana con este tema», explica un agente de Algeciras. «Los problemas los tenemos con la Navy que pretende que nos desviemos 1,5 millas de la ruta que tenemos que seguir. Lo estamos haciendo, no hay órdenes escritas, pero nadie quiere tensiones».

Esa afirmación ya quedó clara cuando en diciembre cuatro agentes gaditanos fueron retenidos durante más de dos horas en el Peñón mientras seguían a un narco. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, agachó la cabeza y pidió disculpas a Caruana. Poco antes, la Navy fue sorprendida tras hacer prácticas de tiro con una bandera española y en febrero de este año dos embarcaciones de la Armada británica rodearon a una patrullera e izaron las banderas de peligro.