la lupa

En tiempos de Camacho

En la añorada época del líder sindical, las puertas del Ministerio de Industria habrían amanecido repletas de carbón

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EN tiempos del fallecido Marcelino Camacho, contundente en la defensa de los trabajadores, tenaz negociador y hombre de consenso, como demostró al suscribir los Pactos de la Moncloa, uno de los pilares de la Transición ahora estúpidamente vituperada, los trabajadores salían a la calle el Primero de Mayo para defender sus derechos laborales y no para desgastar a la oposición del PP utilizando excusas tan irrisorias como el denostado decreto del plurilingüismo aprobado por el ejecutivo autónomo gallego para evitar la exclusión del español de las aulas.

En la añorada época del líder sindical, que vivió lo suficiente para lamentarse de la domesticación de las centrales, malacostumbradas a vivir de prebendas y subvenciones institucionales, las puertas del Ministerio de Industria habrían amanecido con toda seguridad repletas del carbón antieconómico y contaminante que este Gobierno quiere primar para favorecer a los paisanos de su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, a costa de condenar a la ruina y el paro a alrededor de 3.000 empleados gallegos.

Cuando Marcelino Camacho dirigía CC.OO. con la austeridad que marcaba su jersey de lana de cuello vuelto, habría sido impensable que una sociedad pública como Pymar negara un aval a un astillero privado que intenta mantener su actividad generadora de riqueza y empleo en tiempos de crisis, y mucho menos que el desaire fuese respaldado por el Ministerio de Industria de un Gobierno socialista.

Claro que antes de la retirada del honesto Marcelino Camacho, nadie podría imaginarse a un personaje como Miguel Sebastián, cuyo mayor mérito fue el desastre electoral en las pasadas elecciones municipales ante Alberto Ruiz Gallardón, marcando la estrategia del departamento responsable de la condena a Vulcano y del decreto del carbón, en un Gobierno que más parece un club de damnificados por el alcalde de Madrid.