LIBROS

Realidades ficticias

“Asasinato no Consello Nacional” pretende ennegrecerse e hilvanar política con una trama detectivesca. Y hay más de lo primero que de lo segundo

Actualizado:

“¿Qué razón hay para que el cambio de escenarios urbanos o de la ortografía de los apellidos, la sustitución de San Francisco por Barcelona o de un mister por un señor, resten verosimilitud a historias heroicamente improbables?”, se preguntaba Javier Pradera en 1981 cuando reseñaba en El País el “Asesinato en el Comité Central” de Manuel Vázquez Montalbán, novela de la que bebe el título de Diego Ameixeiras. Y la misma pregunta cabría formularse ahí donde habla de la Ciudad Condal y nosotros dijéramos Compostela. Porque “Asasinato no Consello Nacional” pretende ennegrecerse e hilvanar política con una trama detectivesca. Y hay más de lo primero que de lo segundo, o al menos resulta más interesante para el lector, que en apenas un mes ha llevado a Xerais a editar una nueva edición de la aventura del investigador privado Alberte Cudeiro.

¿Y por qué suscita tanto interés una novela que husmea en las interioridades del BNG? Por la misma razón de ser que la historia de Pepe Carvalho, porque abre las puertas de organizaciones que han hecho del hermetismo y del secretismo una de sus señas de identidad. En ese vacío donde crecen los mitos y las falsas (o no) leyendas de los personajes políticos se regodea Ameixeiras, que aprovecha el momento más delicado de la historia reciente del BNG para situar su novela.

Recién perdidas las elecciones autonómicas del 1 de marzo de 2009, un desconocido descerraja dos tiros a un diputado nacionalista llamado a convertirse en líder de la organización. Ante el desconcierto, se encargan las pesquisas extraoficiales al sabueso ourensano Cudeiro, detective con aires taoistas y pasado turbulento, que deambula por la piedra compostelana a la caza del asesino, en paralelo a la policía nacional.

Por la historia se amontonan los trasuntos de las familias de la cúpula mayor del BNG, algunos retratados al carboncillo, otros satirizados mediante mordaces caricaturas alimentadas con las leyendas anteriormente citadas. Aunque como diría el clásico, “se non é vero, e ben trovato”. Intrigas internas para maniobrar de cara a una asamblea nacional, peleas entre distintos personalismos, y algo que sí emerge desde la novela: la crisis por la que atraviesa el nacionalismo dentro y fuera de las páginas. Nada nuevo para cualquier persona que mantenga algún contacto con la realidad (y que no sea de la UPG, se sobreentiende).

Los otros dos pilares de este asesinato literario son una subtrama con reminiscencias de la Guerra Civil y el personaje de Alberte Cudeiro. La primera arranca de la nada, algo forzada, e intenta entroncar con la línea principal dando un doble mortal carpado con tirabuzón, y la historia se resiente, aunque el autor es hábil al sazonar lo que sabe como su punto flaco con las morbosas (y a ratos divertidas) miserias de la vertiente política, como quien diluye tinto de mesa en un buen Rioja.

Y por último está Cudeiro, que ni es Spade, ni Marlowe, ni Carvalho, ni Wallander. Probablemente tampoco lo pretenda. Aun así, no acaba de ganarse la medalla al carisma detectivesco, no seduce al lector, que no lo siente próximo, a ratos ni creíble por exceso de humanidad. La novela negra necesita algo más. Suspense, quizás.