Dos visitantes observan las obras de la colección. - MIGUEL MUÑIZ
ARTE

Maestros en Compostela

Caixanova expone en Santiago las obras maestras de la colección Zanchi, 40 de las piezas más emblemáticas en el haber de esta colección privada

por manolo do río
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No deja de resultar paradójico que un autoproclamado y consciente foco de la difusión y del turismo cultural como es Santiago de Compostela brille por su ausencia la falta de por lo menos un gran museo, o una gran colección permanente de pinturas dignas de los paladares más exigentes. Tanto más paradójico cuando se medita en las ingentes cantidades derrochadas en grandes complejos carentes de contenidos, o en otras propuestas museísticas como el CGAC que, con todos sus méritos (y son muchos), se niegan a competir al nivel de los Museos de Arte Contemporáneo o con las pinacotecas más tradicionales.

De tal marasmo nos saca de tiempo en tiempo alguna exposición digna de encomio: pensemos en la muestra de autores del Impresionismo a las Vanguardias que en su día nos trajo la colección Thyssen-Bornemisza. Hoy podemos añadirle un nuevo broche dorado que encarna en los lienzos de la colección Zanchi que Caixanova trae a Compostela, lamentando tan sólo que no se convierta en una exposición permanente, que junto a una posible muestra de lo mejor de la pintura gallega (Seoane, Lugrís, Laxeiro…), crearía sin duda un foco resplandeciente y un faro de difusión y atracción como se merece la capital de Galicia.

Del Búnker a la Plaza de Cervantes

La muestra que nos presenta Caixanova está integrada por cuarenta obras de 27 grandes artistas europeos de los siglos XV al XIX que forman parte de la colección privada de Jean Zanchi, empresario suizo que atesora en el búnker de un antiguo banco suizo 800 piezas que empezó a coleccionar en los años 50, parte de las cuales viajaron solo a Japón y ahora a Compostela para este montaje. A la presentación, el pasado día 3, asistieron el director de la Obra Social Caixanova, Guillermo Brea, el experto en arte y catalogador de la colección, Didier Bodart y los familiares Antonio y Giovanni Piero Francesco Zanchi, (hijo y nieto, respectivamente, del señor Jean Zanchi, propietario de la colección). La mayoría de cuyas obras pueden consultarse de modo sumario en la red (http://zanchi-collection.com), junto a las cuarenta que ha escogido personalmente para la muestra el director, Guillermo Brea, “tratando de buscar entre tantas obras maestras la mayor coherencia posible”. Seguramente el aire compostelano y el señorial espacio de la fundación Caixanova hagan honor y paño de luz y brumas en el fondo para unos cuadros ansiosos de miradas demasiado tiempo encerradas bajo las bóvedas de helvéticas montañas.

Miguel Ángel, Tiziano, Caravaggio

Pero pasemos a centrarnos en las obras de la exposición. Los más llamativo dentro de su catálogo es la presencia numerosa de primeras espadas del mundo del arte, de nombres que casi todos conocemos y que ornan con sus pinturas las paredes de las mayores pinacotecas del mundo: Mantegna, Miguel Ángel, Tiziano, Tintoretto, Caravaggio, Durero, Rubens, Murillo, Ribera, Mengs y Turner son solo algunos de los nombres y ejemplos que vamos a poder contemplar hasta el 16 de Enero en la ciudad episcopal.

Dentro del recorrido cronológico que va desde el siglo XV al XIX, comenzamos por una serie de xilografías de Alberto Durero (La gran pasión: Crucifixión; El Apocalipsis; La vida de la Virgen), muy representativas de la escuela alemana renacentista y de sus formas medievalizantes, simbólicas y atormentadas en un blanco y negro purísimo que destaca las sombras y las formas. Proseguimos con la escuela italiana y con Andrea Mantenga, el genial desarrollador de escorzos y perspectivas ilusionistas; la obra que traemos de él es una ‘Virgen con niño’ maravillosamente escultórica, con los típicos fondos grises y pétreos del autor, y con un detallado trabajo de pliegues y de figuras, que conecta con alguno de los primeros trabajos del pintor (un gravado con el mismo tema y composición que es, según los especialistas, la obra más antigua de este hijo de Isola di Carturo).

Maestros italianos

Otras obras dignas de mención y también de corriente italiana (con un total de 15 tablas y lienzos) son un Ecce Homo de Tiziano, el mayor pintor de la escuela veneciana, y el Portrait of Magistrate de Tintorettto. Esta es una de las primeras pinturas de Domenico Tintoretto, en la que muestra la admiración que sentía por los pintores realistas de Lombardía y el interés que joven pintor por el género del retrato. En palabras del especialista C. Ridolfi: “E perché Domenico negli anni giovanili haveva acquistato molta fama con i ritratti ebbe materia di farne quantitä non solo de Venetiani, ma de Preneipi e Signori esterni”.

Pero sin duda las dos obras más llamativas de este grupo son las de Caravaggio y Miguel Ángel. Por lo que toca al polifacético florentino Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, la muestra nos proporciona una escultura de bronce de tema mitológico: Átropos (una de las tres Moiras que supervisaban el destino de los mortales). Se trata de un busto que representa a una mujer envejecida y llena de arrugas, ojos hundidos y cuello chupado y anciano. Su mano derecha asciende a su pecho, mientras sostiene las tijeras con las que corta las vidas humanas. En general, el busto está ejectuado con gran habilidad, y atestigua un conocimiento detallado de la anatomía humana. Ésta es la única pieza en bronce de Miguel Ángel conocida en la actualidad y cuyos dibujos preparatorios acompañarán a la escultura en la exposición.

Por lo que toca al gran artista del Barroco y tocayo parcial del anterior (nos referimos a Michelangelo Merisi da Caravaggio), su obra es quizás la más famosa de todas las de la colección, y no accidentalmente figura en el frontispicio de esta (y en la memoria de todos aquellos que han leído algo, por escaso que sea, del artista milanés): “La incredulidad de Santo Tomás”. El cuadro refleja la escena bíblica en que un Jesús resucitado ofrece al apóstol incrédulo el hueco de sus costillas donde penetró la lanza, y otros mementos de su cuerpo crucificado. Fiel a su estilo, el cuadro es un compendio de todas las características del arte caravaggiesco: empleo profuso de los contrastes entre iluminación y sombras; dramatismo exagerado en la escena y en la composición (llevando de modo literal a la expresión ‘meter el dedo en la llaga’); empleo de modelos ‘populares’ y rudos en el seno de una estética despiadadamente realista e incluso ‘irreverente’ en la nula estilización de figuras de santos y apóstoles, etc…

Flandes, España, Francia

Pero las grandes piezas no se ciñen tan solo al marco de la itálica bota. La exposición también incluye obras representativas de otras de las grandes escuelas de la pintura europea, como la flamenca, la francesa o la española. Entre las piezas provenientes de los Países Bajos merecen especial distinción las cuatro piezas de Rubens y los dos lienzos de su alumno Van Dyck, uno de ellos el retrato “Man’s head”, género en el que fue un auténtico maestro. Las obras de Rubens laten con el colorido y la carne espesa que ha hecho justamente célebre a Pedro Pablo, junto a la temática bíblica y mitológica y el fuerte aire contrarreformista que penetra todos los recodos (incluyendo la paleta) de la época y del pintor, agente secreto al servicio de su Majestad Católica en negociaciones con ingleses y luteranos. También Antonio Van Dyck es más conocido por sus periplos más allá del canal de la Mancha, donde llegó a ser pintor oficial de infortunado monarca Carlos I. Su ‘Cabeza de Hombre’ que aquí veremos no dejar de rimar con cierta ironía secreta y oculta con la cabeza de su mecenas, el monarca Estuardo, que los revolucionarios ingleses iban a acabar cortando en los días de la Revolución y de la Guerra Civil Inglesa.

Cuatro piezas ilustran el apartado dedicado al Barroco español. Se trata de obras de mediano y gran formato que abordan el retrato y la temática religiosa y mitológica, de los maestros Ribera, de la escuela valenciana, Murillo, de la escuela andaluza, y Claudio Coello, ampliamente influido por Velázquez.

El Romanticismo de finales del siglo XVIII y principios del XIX llega de la mano de la escuela francesa, de la que se muestra un retrato de pequeño formato de Ingres, ferviente defensor del dibujo y, aunque adscrito al neoclasicismo, claro exponente del Romanticismo en cuanto a los temas, además de contar con tres piezas de Prudhon, dibujante y pintor romántico francés, conocido principalmente por sus retratos y sus pinturas alegóricas.

Dos paisajes del gran maestro Turner, un óleo y una acuarela, ilustran el Romanticismo inglés y anuncian la posterior llegada del impresionismo, ya inmersos en pleno siglo XIX.

Para concluir, solo resta animar a los gallegos a hacer uso de esta magnífica oportunidad de disfrutar de arte de primerísima división, máxime teniendo en cuenta que Caixanova pondrá en marcha visitas guiadas para visitantes, a parte del que funcionará para colegios y grupos. ¿Qué mejor manera de iniciarse en el estudio o en el aprecio del arte que de la mano de los grandes maestros? Este año sus pinturas también peregrinan a Compostela.