Incondicionales del Camino

«Yo, peregrino» es la historia de cuatro andaluces, un padre con su hijo y dos hermanos, que pujaron por una plaza. Cuentan su caso en primera persona

SANTIAGO Actualizado: Guardar
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Hay muchos andaluces en Compostela. Es curioso el caso de los hermanos Núñez Troya, con ganas de contar su historia. Son de Sevilla. (Toma el testigo José Manuel) ¡Estoy emocionado! Me encanta esta ciudad. Es especial. He estado aquí hace nada, en julio. Entonces disfruté de una experiencia maravillosa. Pude ver los fuegos del Apóstol, con mis amigos, mi gente, desde el Hostal de los Reyes Católicos. Acabamos siendo unos privilegiados, cenamos allí, gestionamos la reserva con el tiempo suficiente porque tenía el gusanillo de hacerlo y... fíjate, lo conseguimos. Esto fue una sorpresa. No sabía si iba a poder venir. Yo pertenezco a la Orden del Santo Sepulcro. En principio iban a estar mi hermana (Marta, que lo escucha) y su hija, mi ahijada, que se llama igual. Alquilaron un hostal muy cerca de la Plaza de Fonseca, justo a principios de verano, la última vez que estuve aquí, por las fiestas y, vaya, por disfrutar del Año Santo. Con el paso de las semanas, me empezó a picar el gusanillo. Soy una persona con mucha guasa. Hablé con mi sobrina y le pregunté si tendría dónde alojarse. Tiene amigos buenísimos. Hicimos el Camino mil veces.

No le costó mucho. Se quedó en casa de uno de ellos. Fuimos al hostal, mi hermana y yo. Desayunamos con calma. No guardamos cola porque la noche estaba gélida. Nos despertamos pronto, eso sí. Conseguimos unas sillas. Pero pasó algo inesperado. El problema que tenemos los fumadores. Tuve que salir a por tabaco y, cuando quería volver a pasar, ya no se podía. Y a Marta (la hermana) le pasó lo mismo, pero con el frío, se congelaba y salió. ¿Solución? Para todo hay, hombre. Nos quedamos en la Quintana, allí también se ve, y bien.

Antonio Fernández, natural de la localidad gaditana de Los Barrios, se emociona hablando del Camino. (Sonríe y cuenta su historia). A mis 69 años, es mi tercera vez por las rutas jacobeas. Me estrené hace siete años, peregrinando 900 kilómetros desde Roncesvalles, y desde entonces me enganché y repito siempre que puedo. (Se le empañan los ojos). En esta ocasión, salí con mi hijo Sergio desde Navarra el pasado 4 de octubre, sin contar con el hecho de que venía el Papa. Pero al final hemos hecho de la casualidad una enorme oportunidad, aunque hemos llegado con cuatro días de antelación. No es mi primera visita al Santo Padre, porque viajé a Roma para visitar a Pablo VI.

Cuando lo acabé por primera vez, me juré a mi mismo que me olvidaría de repetir esta experiencia, porque acabas muy cansado. Peor no fui capaz de desengancharme, y repetí de nuevo desde Roncesvalles años más tarde. Cuando llegas a Compostela y entras en esta Plaza... (la voz se le vuelve a entrecortar. Su hijo Sergio toma la palabra)

Para estar en primera fila estamos aquí desde las nueve de la noche del viernes. Yo no soy creyente, pero admito que en el interior de algunos templos románicos, donde te rodea la soledad, encuentras la espiritualidad auténtica. El Camino es convivencia, un crisol de culturas. Y participar de este momento, tiene un matiz histórico y social innegable.