El tenor canrio, junto a la soprano Patricia Ciofi, en la función de «La Fille du Regiment» del pasado viernes en La Coruña - M. A. FERNÁNDEZ
entrevista al tenor celso albelo

«Bellini es uno de los grandes aceites para mi garganta»

Lo ha vuelto a hacer. El viernes puso La Coruña a sus pies con un fabuloso Tonio en La Fille du Regiment, que mañana representará en Vigo. El éxito acompaña a este canario humilde y sincero

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— Ha regresado a La Coruña tras un Arturo triunfal y premiado. ¿Qué ha cambiado desde el pasado año?

— Prácticamente en nada. Si te reconocen un trabajo es que la manera en que has ido evolucionando es la correcta. Intento no alejarme de ese camino.

— Ahora canta el Tonio, un papel que valió para forjar leyendas como la de Pavarotti o Kraus, y que catapultó al primer plano mundial a un contemporáneo como Flórez. ¿Impone el papel?

— No es fácil. Y si todos esos números uno del mundo de la ópera han tenido en él uno de sus caballos de batalla... Lo cierto es que mis características vocales se adaptan a su escritura. Tengo la fortuna de tener a estos grandes monstruos como referencia, hay que fijarse cómo lo hicieron y buscarle mi propia impronta.

— ¿Qué hay en el Tonio más allá de 9 does y una canción de amor?

— Es complicado saber diferenciar la primera parte del personaje, un muchacho del Tirol, simple, abierto, sin ningún tipo de problemas más allá de los que le da la montaña, a ese Tonio que llega después, soldado, curtido en mil batallas, mucho más maduro y que ha olvidado la ingenuidad. Es una diferencia igual muy sutil, pero hay que saberla plasmar actoralmente y, sobre todo, vocalmente.

— Ha cantado Verdi, Bizet, Bellini, Donizetti... ¿Cuál se acerca más a tu estilo?

— Donde me siento cómodo es Bellini, uno de mis grandes aceites para la garganta. Hago Sonnambula, Puritani, tengo la posibilidad de debutar Pirata más adelante. También Donizetti, Elisir, Maria Stuarda, Lucia, Don Pasquale, La Fille, en un futuro cercano tendré la posibilidad de la Anna Bolena...

— Ese aceite belliniano, ¿podría llegar al Polione de Norma, si en algún momento se decide devolverle la pátina belcantista al personaje?

— El problema es que esto es un mercado, y la gente consume sus modas. Si me permitiesen hacer, con el tiempo, una lectura más belcantista, ¿por qué no? Pero tendría que ser un trabajo estudiado, elegido, con tiempo de preparación. No digo que no. Pero escuchando la maduración natural de la voz, sin precipitase.

— ¿Ese Alfredo de La Traviatapara cuándo?

— Suelo escuchar bastante mi garganta, y eso te lo va pidiendo. Todavía no me lo siento, aunque hay gente como Leo Nucci, con quien he cantado más de 30 funciones de Rigoletto, que me dice que tendría que irlo pensando. Pero a fin de cuentas la garganta es mía, y me quedan todavía unos años.

— ¿Cómo nota uno que un papel le viene grande?

— Muchas veces tienes esas dudas, y para quitártelas tienes que cantar en el escenario. Cuando pasan los días te vas dando cuenta. Con Alfredo no tengo ni siquiera la duda.

— Ha hablado de modas. ¿La estética de los cantantes está envenenando la lírica?

— No lo sé, depende de los casos. En mi caso, yo tengo unos kilos de más, pero una buena presencia escénica no tiene nada que ver con la buena figura. Me he encontrado con talles extraordinarios que en el palcoscenico no me dicen nada, y luego he estado con cantantes menos espectaculares pero que tienen una energía que no saben explicar. Todo ayuda al espectáculo, pero nada es excluyente. Sí es verdad que hoy en día están primando ciertos cánones de belleza que no son justos. Pero aparte de ser muy guapo y elegante en el escenario, lo que tienes es que cantar, y transmitir una serie de emociones. Y seas alto, bajo, feo o guapo, si eres capaz de eso, la gente y los teatros te lo van a reconocer.

— Mal panorama se presenta para un tenor de su repertorio con los nuevos aires que han llegado al Teatro Real...

— El señor Mortier recientemente se ha referido al «mal entendido belcanto». Él tiene una forma y una idea de hacer temporadas de ópera, que tenga toda la suerte del mundo, pero conmigo no. Si Bellini no le gusta... Igual tampoco es culpa suya, a él le pusieron ahí con su criterio artístico.

— ¿Se apuesta lo suficiente en España por los cantantes españoles?

— En mi caso, es curioso. Al fin y al cabo yo acabo de empezar, pero yo mi carrera me la he forjado en Suiza e Italia. Siempre fuera de España. Los únicos que han apostado por mí desde el principio fueron los amigos de La Coruña. No he tenido gran apoyo de los teatros españoles. Cada caso es diferente, y en el mío he tenido que salir. Hay otros nombres que han tenido más suerte.

— ¿El mundo de la ópera pone a prueba la vanidad de una persona?

— Probablemente. Pero el mundo real no es éste. Yo me preparo para cantar, e intento hacerlo lo mejor que puedo. Pero me sacas de ahí y poquitas cosas sé hacer bien. Lo que está claro es que esto no es un mundo real, que tiene una fecha clara de caducidad, cinco años antes o después, y le tienes que ir dando paso a otras gentes. Si eres vanidoso, de todas maneras tienes caducidad.

— ¿Qué próximos retos tiene?

— A partir de aquí tengo Elisir en la Fenice de Venecia, debuto en La Scala de Milan, vuelvo a Zurich, me estreno también en el Covent Garden de Londres... Son roles y papeles que son interesantes, y estoy muy contento. Canto Favorita, Anna Bolena, Puritani, Sonnambula. Estamos hablando con Viena, París... El panorama continental se me abre.

— ¿Por cantar qué papel sería capaz de renunciar a algo?

— Si te soy sincero, he sido bastante afortunado en ese sentido. La Coruña es una casa que siempre me pregunta qué me apetecería cantar, y los papeles que me ofrecen siempre me llegan en el momento oportuno.

— ¿Ha encontrado ya pareja de baile en el escenario?

— Cada vez que coincido con Desiree Rancatore, es mi sorellina, como una hermana para mí. Cuando coincidimos salen noches muy bonitas.