El asesino, condenado a 58 años de prisión

La sentencia lo culpa de haber aumentado «deliberadamente» el dolor de sus víctimas

P. ABET
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VIGO

El proceso por el crimen de la calle Oporto concluyó ayer con una condena de 58 años de cárcel para el autor confeso de los hechos, Jacobo Piñeiro. Así lo confirma la sentencia rubricada por la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra en la que además se concreta que la pena por cada uno de los asesinatos que Piñeiro perpetró en 2006 es de 20 años. A esta condena se suman otros 18 años por un delito de incendio.

Una vez computados los cuatros años que Piñeiro pasó en prisión preventiva, la pena a cumplir quedará reducida a 21 años, puesto que el período máximo permitido por ley limita la estancia carcelaria a 25 años. A este respecto, la madre de uno de los homosexuales fallecidos, Marta Pérez Treviño, declaró a su salida de los juzgados que se dará «con un canto en los dientes si Piñeiro está al menos 20 años en prisión». Marta también mostró su satisfacción por el fallo del tribunal y afirmó que se siente feliz porque «por fin encierran al asesino de mi hijo».

Sin embargo, antes de dar carpetazo al asunto, la madre de Isacc Treviño quiso aclarar que el anterior jurado —que había absuelto a Jacobo Piñeiro— estaba «coaccionado». Además, Marta confirmó que, en su lucha contra la homofobia, tiene en mente abrir, en colaboración con la asociación «Colega», una oficina de atención a personas homosexuales que son víctimas de ataques como los que acabaron con la vida de su hijo y de su pareja. Antes de eso, Pérez Triviño se trasladará a la localidad alicantina de Santa Pola para «pasar uno o dos meses desconectada y descansar». La madre coraje será compensada con 400.000 euros que Jacobo Piñeiro deberá abonar a modo de indemnización por daños morales. El autor de los hechos también tendrá que pagar 9.000 euros a la compañía de seguros Santa Lucía.

Ensañamiento

Según el dictamen del juez, contra el que todavía cabe recurso, el acusado asesinó a las víctimas con ensañamiento, «aumentando deliberada e inhumanamente su dolor». Así, las 57 puñaladas que el acusado propinó a los dos jóvenes no han sido interpretadas en esta ocasión como una maniobra de defensa propia. También queda claro en la sentencia que cuando Jacobo prendió fuego a la vivienda, «era consciente del riesgo de que el fuego se extendiese a los restantes pisos del inmueble con peligro para sus ocupantes» así como que «al abrir la espita del gas tenía intención de provocar una explosión».

El condenado, que permanecía en libertad desde el pasado 13 de julio, ingresó ayer por la tarde en el penal pontevedrés de A Lama, donde había estado encerrado desde el 2006.