fragua histórica

Lo siento

Se es igual de gallego yendo al Correlingua que viviendo en Coruña, en Madrid, o en Montevideo. Se es igual de gallego sin entonar una palabra en gallego. Se es gallego respetando a los demás, a los otros, compartiendo una comunidad y espacio de vida, de interacción y sociabilidad

abel veiga
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CON todos mis respetos para esa gran y hermosa comarca. No soy del Bierzo y sin embargo soy gallego, me siento gallego, mis poros rezuman y respiran galleguidad cuando sienten. Soy gallego hablando gallego, y soy gallego hablando castellano, inglés, alemán o italiano. Lo siento, no hablo otras lenguas. Soy gallego aun cuando no hablo, me siento gallego cuando ni siquiera pienso en Galicia. Porque ser gallego y sentirse gallego no lo impone ni lo imprime una lengua. Porque quiénes pontifican todo en función de la lengua que se habla no tiene el don de hacernos o no gallegos. Ni la prebenda de otorgarnos su galleguidad. Porque la mía y la de ellos es igual de digna, pero con una diferencia, la pluralidad, la apertura, la interacción y la sociabilidad.

No me importa que piensen y crean que es mejor alguien de fuera que hable gallego que el gallego que habla español. No me importa, porque de tolerancia no me pueden dar clases quienes así creen y tratan de imponer. Porque ellos no tienen la patente de corso sobre Galicia y los sentimientos. Las lenguas sirven para comunicarse y la riqueza de las mismas para crecer como personas y desarrollarse como seres humanos en sociedad, en convivencia, en respeto y tolerancia. Porque las fronteras de Galicia no las impone ni traza la lengua gallega. Al contrario. Somos pueblo emigrante y errante y con nosotros va nuestra cultura, nuestra tradición, nuestro arte y cómo no, nuestra lengua, de la que nos sentimos orgullosos pero no somos quienes para imponerla a quiénes optan por no hablarla, o porque no quieren o porque no saben, o no la han aprendido.

Se es igual de gallego yendo al Correlingua que viviendo en Coruña, en Madrid, o en Montevideo. Se es igual de gallego sin entonar una palabra en gallego. Se es gallego respetando a los demás, a los otros, compartiendo una comunidad y espacio de vida, de interacción y sociabilidad. Lo que algunos parece que no quieren o desean desde el totalitarismo de la imposición vertical y unidireccional. Así no se defiende al gallego, se desafecta en su uso. La lengua es expresión de libertad y de cultura. ¿Por qué los jóvenes de Galicia que se han educado en gallego normativo se desafectan del uso de la lengua tal y como acaba de aseverar el presidente del Consello de la Cultura Galega?

Ser gallego es leer lo que a uno le place y ver los programas que quiere, o simplemente ni hacer ni una ni otra cosa. Porque ser gallego es libertad de sentirse como uno quiere. Es amar una tierra y un paisanaje, una cultura y unas gentes, unas formas y unas costumbres en gallego o en castellano, hablando uno o el otro, los dos o ninguno. Porque las lenguas no mandan en los sentimientos, tal vez los identifican o ayudan a ello. Y a Galicia la representa su idioma, pero también sus gentes, sus dos lenguas que conviven y se respetan aunque sean las personas las que se niegan a convivir y respetarse, porque las lenguas están por encima de las mezquindades humanas. Por eso son lenguas.

Qué le vamos a hacer. Quién esto escribe es gallego viviendo fuera de Galicia y hablando indistintamente gallego y castellano. Peor ¿me van a decir como pienso o en qué lengua debo pensar, escribir, sentir, amar y soñar? Así no se defiende ni se quiere ni se siente ni a esa hermosísima lengua que es el gallego ni a ese hermosísimo reino que es Galicia. Lo siento, soy gallego y no me arrepiento de ser gallego de la única forma que ser gallego.