Paco Vázquez se afilia a Caamaño

El ex alcalde coruñés se apunta a lo políticamente correcto en su debut mitinero, en el municipio del ministro

J. L. JIMÉNEZ
CEE Actualizado:

Con puntualidad vaticana, Francisco Vázquez arribó a su primer mitin strictu sensuen esta campaña de las generales. Elegancia diplomática descontada, el ex alcalde coruñés no debutó en la ciudad que él convirtió en bastión socialista durante más de veinte años, sino en Cee, la villa natal de Francisco Caamaño, el único dirigente del PSOE que parece gustar de compartir fotos con este Vázquez. Y el ex embajador se lo devuelve con piropos, con gestos, arropándolo mientras da la espalda a sus llamados sucesores en la ciudad. Ya casi ni recuerda cuando le llamó «okupa» en las listas socialistas por sus excesivos tics «nacionalistas». Pelillos a la mar, pacificación de Salvador Fernández Moreda mediante.

En su pulcrísimo castellano (ni retirado entiende de bilingüismos), Vázquez desplegó el «orgullo» que le supone presentar «a uno de los rostros de la renovación del PSOE, un hombre forjado a sí mismo, de la universidad, que ha servido a España lealmente, con visión de Estado en las responsabilidades que le dieron». Quienes esperaran del ex alcalde coruñés alguna salida de pata de banco erraron. Político de atril, recordó la visita de Felipe González a Cee en 1981 para regocijo de los trescientos simpatizantes que llenaban la discoteca Zona Cero. «En 1982 había una crisis mayor que la de ahora», proclamó, «y los socialistas fuimos capaces de hacer la revolución de la normalidad», la que universalizó la sanidad y la educación públicas, «como en Suecia o Bélgica».

No nombró a Zapatero. Casi nadie del PSOE lo hace ya en los mítines. Y apenas dejó como regalo a su audiencia que «faltan políticos con sentido de Estado» que aparquen sus diferencias «y encuentren puntos de acuerdo».

Caamaño dice a quien le pregunta que a él le «apetece mucho» ser diputado en Madrid. Gentil desmarque de las pugnas de poder del PSdeG. Anoche aprovechó el comienzo del mitin para saludar a su madre porque «no he tenido tiempo de pasar por casa». «Ya ves a lo que ando», bromeó. Y apenas una línea de discurso más tarde, glosó la grandeza de su partido por acoger a personas como él y Paco Vázquez, «que somos socialistas pero pensamos muchas cosas de criterios distintos». «Unos son más galeguistas que otros», señaló, «unos creyentes y otros no». Por encima de todo, esa «experiencia» que es «el socialismo», útil para «vertebrar la convivencia colectiva y ser una sociedad mejor».

El ministro de Justicia —que a lo largo del día de ayer compartió protagonismo con otro compañero de gabinete, como es el titular de Educación, Ángel Gabilondo— y cabeza de cartel por La Coruña (puesto que durante tres décadas perteneció a Vázquez), continuó con el mensaje oficial: hay que recordar todos los logros del PSOE. Mismo se desempolvó la gestión de Felipe González, como que se le recupera para espolear a los desencantados. La palabra clave anoche fue la «igualdad de oportunidades», palabras «que el PP ve y huye de ellas como la peste, y como pierde las votaciones en el Congreso, recurre al Tribunal Constitucional». «A la derecha siempre le gustó el privilegio, la diferencia, no tolera que todos seamos iguales», proclamó.

No habló de la sangría del desempleo y de sus cinco millones de rostros. Los socialistas reconocen errores, pero así, en general, sin entrar en detalle. «En algunas cosas claro que nos equivocamos, ¿pero en todas?», se preguntó Caamaño, y culpó al PP de «no dejar de crispar desde que perdieron el gobierno en 2004», a pesar de que ahora «parecen la procesión de los caladiños». Jugando en casa, el ministro confesó que había «recibido un chivatazo, uno de verdad, no como el del Faisán», según el cual «para trabajar por la felicidad de los españoles, Rajoy va a crear un ministerio de felicidad y descanso», al frente del cual va a poner a Mayor Oreja «para que se tranquilice un poquito en esta España que gracias a un presidente y un gobierno tiene las primeras elecciones en paz y sin terrorismo». El guión acostumbrado.

Como colofón, un poco de sabiduría popular aplicada a la política con el dicho «gaviotas en terra, mariñeiros á merda».