a contracorriente

Nuestra educación insular

Acaso ello no preocupe al nacionalismo, que sueña una Galicia cerrada y enxebre

vigo Actualizado:

HACE unos años, en plena tormenta por el dichoso decreto de lenguas que consagraba de facto la exclusión del español de nuestro sistema educativo, el Club Financiero de Vigo osó protestar en voz alta lo que tantos decían sotto voce: con este decreto, nos va a costar cada vez más atraer a Galicia talento foráneo. Los profesionales no aceptarán un trabajo aquí, si éste puede dañar los estudios de sus hijos. El nacionalismo respondió a esto con su habitual indignación y escándalo, marcando desde entonces y para siempre al Club Financiero entre los enemigos de Galicia… En este contexto, han pasado desapercibidas las recientes declaraciones del director de la Agencia Europea de Pesca radicada en Vigo (gracias, por cierto, a un Aznar al que la ciudad olívica nunca ha agradecido este gesto) explicando los problemas escolares que sufren los hijos de los funcionarios europeos a causa de la carencia de un colegio internacional en la ciudad. Nuestro sistema educativo con clases en castellano y aún más clases en gallego ha provocado que muchos funcionarios manden a sus vástagos de vuelta al norte, donde pueden estudiar en la lengua de su elección. Nuestras escuelas (¡ay!) no resultan atractivas para estudiantes forasteros.

El nacionalismo responde a esta cuestión con un argumento muy conocido: En Francia se estudia en francés, en Inglaterra en inglés, etcétera; por tanto, en Galicia, en gallego. La falsía es doble. Primero, en Bretaña, en Escocia (hay muchos más ejemplos) no se estudia en sus respectivos dialectos celtas, sino en francés y en inglés. Es más, Irlanda, modelo secular del nacionalismo, vende el inglés como una de las ventajas competitivas de su país frente al mundo. La segunda falsía es aún más obvia. La integración social en Galicia no requiere del gallego, basta con el español. De hecho, un muchacho extranjero que se radique en Vigo comprobará pronto que allí el gallego es una lengua minoritaria, acaso útil si quiere sumergirse en los abigarrados reductos nacionalistas. Y es que el estudio en gallego no nace de su necesidad para la integración social, sino de una mitología nacionalista que el resto ha aceptado en leyes y discursos.

El caso de la Agencia nos recuerda que tenemos aún una educación insular que repele a los elementos foráneos. Acaso ello no preocupe al nacionalismo, que sueña una Galicia cerrada y enxebre. Pero los que pretendemos una Galicia abierta al mundo tenemos que seguir concernidos. La educación patriótica es una opción legítima para aquel que la desee. Pero quienes quieran una educación abierta y plural, centrada en personas y no en soñadas naciones, han de tener esa posibilidad, sin una Consellería que imponga una lengua y un unánime patriotismo.