A 20 metros del suelo
Las tumbas del subsuelo de la catedral también pueden ser visitadas - MIGUEL MUÑIZ
800 AÑOS DE CATEDRAL

A 20 metros del suelo

La capital gallega ofrece mil y una formas de celebrar el 800 aniversario de su Catedral. Desde las alturas y a pie de calle

POR PATRICIA ABET
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La Catedral compostelana cumple este año el 800 aniversario de su consagración. Una fecha especial que toma el relevo de las celebraciones jacobeas y en la que el templo se convierte una vez más en obligada visita para los millones de peregrinos y turistas que cada año recibe la ciudad, y también para aquellos que a diario cruzan el Obradoiro de camino a sus quehaceres cotidianos.

Fue en la mañana de un jueves de Pascua, según reflejan los documentos históricos de la época, cuando el arzobispo Pedro Muñiz realizó los ritos de consagración de la Catedral, en presencia del rey Alfonso IX. Desde entonces, el templo compostelano se confirma como un centro de peregrinaciones de referencia para toda Europa, en parte gracias a las gestiones de Diego Xelmírez (primer arzobispo de Santiago e impulsor de la Catedral) y del Papa Calixto II. Paralelamente a su creciente fama internacional, la arquitectura de la construcción se irá embelleciendo a través de numerosas reformas y ampliaciones que desembocan en la construcción de la actual fachada barroca del Obradoiro, realizada por el arquitecto gallego Casas Novoa en 1740.

Fiel reflejo de las mutaciones que el edificio sufrió a lo largo de los siglos, en el templo todavía se pueden a rastrear a día de hoy las huellas del paso de la historia en forma de cruces o pequeñas marcas en la piedra que evocan un pasado cargado de simbología. Aunque para apreciar este tipo de curiosidades no basta con pararse ante la imponente fachada barroca que da la bienvenida a visitantes y peregrinos. Es preciso circundar el templo, detenerse ante sus fachadas, atravesar el Pórtico de la Gloria y contemplar el resultado de una labor que los maestros arquitectos de la época encadenaron durante siglos. Incluso, desde lo alto.

La ciudad inesperada

Desde que en agosto de 2004 se abriesen las cubiertas catedralicias al público, han sido miles las personas (más de 53.000 en 2010) que se han dejado llevar por los encantos sensoriales que el templo ofrece a veinte metros del suelo. Y no es para menos. Porque acceder a la parte alta de esta milenaria construcción es, en palabras del coordinador del área Educativa de la Catedral, José Francisco Blanco Fandiño, «una experiencia única e irrepetible». «Ninguna visita es igual a la anterior y la gente lo sabe, por eso son muchas las personas que repiten, incluso hasta cinco veces». En el recorrido de ascenso a las cubiertas, que se realiza a través de unas estrechas escaleras que parten del Pazo de Xelmírez, el visitante tendrá la primera toma de contacto con la cara menos conocida del templo, quizás lo más parecido a sus entrañas. En ellas, un gran número de ventanas ciegas recuerdan las numerosas transformaciones que la construcción originaria sufrió hasta convertirse en un edificio que alberga más de una docena de capillas y en el que confluyen tres estilos arquitectónicos.

De pie sobre la tribuna de la Catedral y a escasos metros del Pórtico de la Gloria modelado por el Mestre Mateo, Fandiño nos confirma que esta visita no es un recorrido al uso. «Un espacio como el que ahora estamos contemplando te permite hablar de todo tipo de temas, no sólo de arquitectura o religión como la gente podría esperar. Mires dónde mires hay algo que explicar. Por ejemplo, a menudo los visitantes desconocen que el lugar que ahora pisamos fue utilizado durante muchos años como albergue para peregrinos. Cuando levantaron la madera que cubría la piedra, muchos siglos después, aparecieron monedas y peines que se les habían colado por las rendijas. Sin duda era un lujo pasar la noche aquí».

Uno de los encantos de esta visita, de una hora aproximada de duración y que se realiza en pequeños grupos, es la posibilidad de vagar por algunos de los rincones vetados de la Catedral compostelana. Poco importa en este recorrido que algunos rincones estén cubiertos por los andamios de las obras de restauración, que a día de hoy se concentran en la torre de la Berenguela. «Las obras del Pórtico o las de la remodelación de la torre del Reloj del Plan Director no molestan en absoluto a las visitas. Lo entienden como parte de los trabajos de conservación del monumento» aclara Fandiño.

Continuamos subiendo y, tras sortear un nuevo tramo de escaleras y un pequeño habitáculo, a nuestros ojos se abre una panorámica inesperada de una Compostela parada en el tiempo. Sobre los tejados catedralicios y justo detrás del último tramo de una fachada barroca, la ciudad muestra su cara más desconocida. «Cuando accedemos a las cubiertas -explica nuestro particular guía- siempre paramos a la gente y les pedimos que abran bien los ojos». Girar 360 grados sobre uno mismo para ubicarse en ese mar de piedra y tejados es uno de los primeros actos reflejos que el público acusa, pero hay muchos más. Y es que, en palabras del coordinador, este lugar produce «un desbordamiento sensorial único».

En el siglo XVIII, las losas de piedra que cubrían la parte alta de la Catedral y por las que ahora es posible pasear fueron mudadas por tejas. No sería hasta los años 60 del siglo pasado cuando se decide restaurar la cubierta de losas, a imagen y semejanza de las originarias. Una remodelación muy próxima en el tiempo que muchos de los participantes en este recorrido todavía recuerdan. «La gente pregunta mucho y también nos cuenta mucho», explica Blanco, por eso nosotros también aprendemos mucho de las visitas.

La privilegiada posición de la Catedral, epicentro de la ciudad, permite contemplar desde su punto más alto parajes milenarios como el Pico Sacro, que conviven junto a obras recientes como la de la Ciudad de la Cultura. Paseando la mirada por el casco antiguo de la urbe, el espectador se detiene en detalles que sólo desde las alturas cobran relevancia. Es el caso de las chimeneas de la ciudad, que en el pasado anunciaban el abolengo de la familia que residía en esas casas. La configuración de las plazas, el entramado de piedras o las reliquias medievales contribuyen a que el tiempo se detenga.

Una necrópolis por descubrir

Desde hace unos meses también está permitida la entrada al subsuelo de la Catedral. Un espacio desconocido hasta el momento en el que a mediados del pasado siglo se halló una necrópolis -probablemente sueva- que data del siglo IV. Este viaje al pasado llevará a los interesados a descubrir el área arqueológica situada bajo el brazo sur del crucero de la Catedral -la más antigua y en la que fue encontrada la tumba del obispo Teodomiro- y el área situada bajo la nave central. En contraposición con la visita a las cubiertas, el recorrido por las profundidades del templo se lleva a cabo en un espacio reducido y por tramos angostos que, no obstante, ofrece una perspectiva nunca antes vista de los orígenes del templo.

La apertura al público de este espacio, coincidente con los actos de celebración del 800 aniversario, viene a completar una oferta cultural única concentrada en el patrimonio de un templo que está siendo sometido a importantes remodelaciones. Por su parte, la oferta cultura diseñada para este año sigue en marcha con ciclos musicales y exposiciones.