fragua histórica

El manual de Feijóo

Feijóo sigue apostando por Galicia. No es el momento de otras aventuras ni de otros puestos

abel veiga
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SABE lo que quiere, dosifica lo que dice. Analiza cada palabra y cada frase. Acaba de hacerlo a la vuelta del congreso del partido popular. El congreso de la euforia, pero amortiguada. Los compromisarios estaban en su éxtasis. La travesía en el desierto fue corta. Los retos inabarcables, la responsabilidad, la de todo un país que hay que levantar. Le preguntaron de quién ha sido el congreso, si de De Cospedal o de Arenas. Y contestó sin dudar un atisbo, de Rajoy. Lo demás es flor de un día, de veinticuatro horas políticas donde todos miden, calculan, callan, amagan y esperan tal vez.

Hoy nadie duda del liderazgo de Mariano Rajoy. Hoy nadie quiere recordar lo que pasó en aquella travesía, ni tampoco componer líricas y métricas sueltas. Demasiada hierba segada debajo de los pies. Lo saben todos. También Rajoy. Un Rajoy que se la jugó en Valencia y nombrando a De Cospedal y Santamaría, por lo que recibiría también demasiadas críticas, no todas aireadas. El tiempo le dio la razón. Rajoy empezó a ser el mismo e invertir la tendencia de la mano de Feijóo y la campaña gallega en febrero de 2009. Nunca se había fajado tanto ni recorrido cada esquina de Galicia. Aquel triunfo también lo fue de Rajoy, aquella mayoría acalló a quiénes aguardaban en Génova, pretorianos de la media palabra y la media intención. Lo demás es historia.

Y durante casi dos años, calladamente, Núñez Feijóo ha ido incrementando su peso y su respeto en el partido. Las caídas de Camps, sobre todo; y de Matas, en menor nivel, han hecho del político de los Peares un elemento clave y un engranaje perfecto para los que Rajoy quiera y desee. Pero el futuro no está escrito todavía, o sus letras son indelebles.

Ha sabido contestar a la gallega, el futuro dará o quitará razones. No se puede ser más conciso pero acertado a la vez. Lo dijo a propósito de la pregunta de si De Cospedal debe y puede acaparar tanto poder. Las posibilidades de acierto y de fracaso se reparten a partes iguales. Pero demasiados frentes abiertos debilitan muchos flancos también. Todo depende del éxito de la gestión. Pero buscar todo el poder del aparato del partido trae sus riesgos. El desgaste puede ser alto.

Feijóo sigue apostando por Galicia. No es el momento de otras aventuras ni otros puestos. Llegarán tal vez, algún día. Y a buen seguro que así será. Los desafíos de Galicia, en su hora crucial y su particular encrucijada, necesitan liderazgo, sin distraimientos ni vanaglorias de un cónclave efímero. Núñez Feijóo ha vuelto a señalar su compromiso inequívoco con Galicia y apuntado su manual político. Debe cumplirlo, ese es el verdadero camino del político, el de verdad.