en la grada con el obradoiro

El Lagun Aro se impone a golpe de triple

Los árbitros destrozaron un partido que pudo haber acabado de una manera muy distinta. Pero tampoco hay que linchar ni apalear cobardemente a los de siempre

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Pues no. Contra el Lagun Aro tampoco pudo ser. Lo malo, como siempre, es la incómoda sensación del final. Y lo digo mientras tecleo esto, unas horas después de que el marcador del Multiusos del Sar se apagara con esas cifras de alerta roja: 80 -88. Porque lo que realmente ha pasado es que el Obradoiro estuvo a punto de conseguirlo, de levantar 17 puntos de diferencia y hacerse con la victoria. Pero esta vez sí se puede señalar: los árbitros en buena medida favorecieron la derrota del Obradoiro. Así que hoy toca ver el resultado sin ser resultadista. La culpa no estuvo en el equipo, ni en el entrenador ni en el palco. Los compostelanos lo dieron todo (con sus minutos de pájara ya habituales) y en especial un Stephane Lasme particularmente inspirado.

Total, que imagínate el cuadro: empieza el encuentro con la esperanza de un mundo mejor. El Obradoiro por delante en el primer cuarto 21-18 y el equipo vasco teniendo que recurrir a los triples para no descolgarse del partido. El mejor de ellos, Raulzinho (8 puntos), al banquillo con sus tres faltas personales. El caso es que empieza el segundo cuarto y vuelven los viejos fantasmas. Un parcial de 7-0 en contra y 4 minutos que pasan hasta que Lasme encesta la primera canasta del periodo. Y la gente que es gente y no extraterrestres se empieza a temer lo peor. Y mira tú qué risa y qué cosas pasan a veces, a 2:58 para el final Andrés Rodríguez empata el partido. Entre unos y otros el luminoso refleja un final de cuarto con 37-41, haciendo evidente el acierto de los visitantes con los triples (5 de 8) y nuestras carencias en el tiro exterior (1 de 4).

Y después, la crónica de la muerte anunciada: el tercer cuarto, ese clásico nuestro que ya nos imaginamos cómo va a acabar antes de que la mesa inicie el cronómetro. Y en efecto: entre tiros de 3 (5 más a la cuenta que paga el Obradoiro), tiros libres y tiros en la nuca, 17 arriba y ya ves, a pensar en cómo le irá a Nadal en su final. Pero entonces devuelven la esperanza a los locales Bulfoni, Corbacho y Lasme, dejando a 9 puntos al equipo compostelano (55-64). Entonces llega el último cuarto. Y con él la ovación del estadio a Miquel Feliu, que se dejó ver en las gradas.

Para cuando vuelve la afición la mirada al parqué faltan 06:42 para el final y están los locales 3 puntos por debajo (66-69). Entonces los nervios agarrotan el estómago de los 10 en pista, llegan las imprecisiones, los tiros libres que se van, los triples ajenos que vuelven y el trío arbitral (o calavera, según gusto del consumidor) que revienta el partido. En esta ocasión no hubo el silencio cómplice de los espectadores, que hartos de los fallos arbitrales subieron los decibelios del Sar para castigar el cerrilismo de los Conde, García González y Calatrava. Con todo y más, el Lagun Aro llegó a los 15 triples, y ese acierto unido a nuestro desacierto (5 triples de 19) explican una victoria final de los de San Sebastián 80-88. Total, que sumamos la sexta derrota consecutiva y esto ya parece el acabose.

La buena noticia de la jornada fue la gran actuación de Stephane Lasme, quien a falta de lo que haga el Regal Barcelona en Murcia, es el jugador con mayor porcentaje de valoración con 37 puntos (26 puntos y 14 rebotes), hecho que contrasta con la actuación en ocasiones absurda del arbitraje, que estando las cosas como estaban, la broma adquirió un tamaño descomunal en el último cuarto. Destrozaron un partido que pudo haber acabado de una manera muy distinta. Pero tampoco hay que linchar ni apalear cobardemente a los de siempre.

La realidad es innegable; el acierto anotador de tiros exteriores de los vascos llevó a los de Moncho Fernández a tal o cual situación, así como la falta de previsión: lo que pasó en el tercer cuarto sabíamos que iba a pasar, entre otras cosas porque lleva muchos partidos pasando. Y esa negra sombra no somos capaces de ahuyentarla, aunque habrá que mirar hacia atrás en algún momento para aprender a superarla. Pero esa es otra historia.