el garabato del torreón

Ladridos en la red

juan soto
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MIENTRAS la cofradía no supo lo que era pisar moqueta las cosas fueron marchando. Lo bueno que tiene carecer de facultades legales para recalificar terrenos, adjudicar subvenciones, contratar personal de confianza y acceder a la clave de la caja fuerte es que se mantienen intactas las expectativas que depositaron en ti quienes dividen a los políticos en dos grupos zoológicos: los sinvergüenzas y los ingenuos. Durante muchos años, esta gente perteneció a la segunda rama y tal vez fuera cierto que su concepto de la política estaba próximo al de los primeros cristianos o al de los vegetarianos rupestres de los años 60, unos y otros dispuestos a dejarse matar antes de traicionar al Maestro o de probar un guiso de ternera estofada.

El declive entró por la escotilla de los bipartitos, esa coladera que sacrifica la voluntad democrática al fraude mercantil. Pasar de la indigencia institucional a dormir la siesta en el sofá de un despacho con hilo musical, aire acondicionado y cuadros de primeras firmas tiene que producir mucho vértigo. En una modesta instancia municipal, ese aturdimiento se puede sobrellevar y no impide que te mantengas en los límites de la honradez económica y la coherencia política. Lo malo es cuando empiezas a dar candela desde la cresta de una Consellería o desde el ápice de un ayuntamiento de cierta viscosidad y pasan por tus manos partidas presupuestarias, seducciones empresariales y ofertas de negocios a medias. Entonces, aquellos principios que iluminaron tus utopías comienzan a resquebrajarse.

Me parece que sobre esta materia trata un reciente artículo firmado por Bautista Álvarez en un digital, artículo, por cierto, merecedor, por fondo y forma, de soporte más alabastrino. De su condición de encomiable hablan la sarta de comentarios desatados en la red, naturalmente bajo el camuflaje del nick. A mí, sinceramente, Os dezaoito magníficos me importan tanto como Los cuarenta de Ayete. Pero no deja de parecerme cosa curiosa que los valedores de los primeros, vástagos del mismo linaje, pretendan la demolición de opiniones razonadas con argumentos de naturaleza lunática, tal como que la condición de pensionista invalida el crédito político o que el hecho de haber cumplido el servicio militar obligatorios te inhabilita como nacionalista.

En Galicia pervive un curioso concepto del término discrepante: no es sujeto a rebatir sino objeto a abatir. Y respecto a que no hay mejor procedimiento para cegar que dedicarse a la cría de cuervos, por ser principio tan asentado empíricamente todo comentario sobre el mismo está de sobra.

Por lo demás, conste nuestra decepción con los patrocinadores de Os dezaoito magníficos. Les suponíamos más carga neuronal. Pero lo mismo nos pasó cuando Los cuarenta de Ayete. Su papel quedó limitado a funciones ornamentales: de tribuna en tribuna hasta el hundimiento final.