fragua histórica

¿Qué pasará con el AVE gallego?

Si hoy se paraliza esa obra es posible que se paralice en una década la llegada de la alta velocidad a Galicia

abel veiga
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SE acaba de difundir que los populares han pedido la paralización al Ministerio de Fomento de licitaciones y adjudicaciones del Ave gallego. Lo que puede ser síntoma de prudencia y estudio puede acabar siendo el primer punto de confrontación serio entre el gobierno de Galicia y el gobierno central. Con la diferencia de que ahora son del mismo color político y de que Mariano Rajoy no hace mucho tiempo en su tradicional apertura de curso político en el castillo de Soutomaior el pasado 9 de septiembre azotaba al ministro Blanco exigiendo un Ave real y no uno de boquilla.

No parecería la situación arrojar síntomas de preocupación si no fuera porque en esta cuestión, —así como en todo—, los plazos y el avance de la misma hayan sido motivo de desencuentro, de agria disputa política y confrontación entre el gobierno de la Xunta y el ministerio de Fomento. De aquellos pactos del Obradoiro se llegó al desencuentro, seguido de ciertas fases de distensión, que nuevamente con motivo de la campaña electoral se situó en el centro de atención; nuevamente el Ave.

Es evidente que lo que se promete desde la oposición, y luego en el gobierno ha de ejecutarse, no suele llevarse a cabo y tampoco cumplirse. Ahora además, la gravedad de la crisis pone o puede hacerlo, la excusa perfecta. Pero entre el verso y la prosa debe haber algo más, rigor, seriedad y credibilidad. Amén de explicaciones ciertas y veraces en caso de que definitivamente se paralicen las obras.

Puedo entender, y debemos hacerlo que en este país transido por la nebulosa de sentirnos nuevos ricos y aprovechando los miles de millones de euros y antes pesetas que manaron desde Bruselas y sobre todo los países del norte netos financiadores, hallamos querido ser los nuevos ricos de un El Dorado irreal y con bases de arcilla, o más bien, arena. Todos hemos querido aeropuertos en cada ciudad, trenes de alta velocidad, universidades, auditorios y palacios de música y de deportes, etc., pero proyectado y aprobados, licitados y adjudicados muchos tramos de esta obra a Galicia, tal vez innecesaria y perfectamente sustituible en su momento por buenos trenes híbridos que ya tenemos y acondicionamientos reales de vías y peraltes hubieran alcanzado tranquilamente entre 200 y 220 kilómetros hora, es hora de que se cumpla lo prometido, lo aprobado y lo debido.

Si hoy se paraliza esta obra, es posible que se paralice en una década la llegada de la alta velocidad y se reemplace por un sustitutivo de menor empaque y prestación. Si se hubiese optado por esto desde el principio tendríamos hoy ya un acceso desde la meseta a Ourense en poco más de tres horas, o incluso menos. Pero apostando por el Ave como ha hecho sobre todo el ministro de Fomento y la Xunta, ahora hay que exigirlo. Máxime de un ministerio que ha de ser motor del empuje y la inversión aún en tiempos de crisis. Sin ésta tampoco se reactivará la economía, la obra pública y los cientos de empresas y miles de puestos de trabajo que dependen de la misma.

Si se confirma esta paralización, sobre todo, tras la toma de posesión del nuevo presidente del gobierno; Núñez Feijoo tiene que defender con uñas y dientes los intereses de Galicia. Por encima de adscripciones personales y lealtades partidistas.

Es el presidente de todos los gallegos, no del Partido Popular únicamente. Y el rigor y su credibilidad tiene que ser igual que la exigencia y pedimiento de explicaciones que hasta ahora se ha hecho frente al gobierno socialista.