GALICIA CLASSICS

Garanca, la gran esperanza letona

La mezzosoprano de moda en el mundo lírico irrumpe esta noche en Compostela, una garantía de éxito

SANTIAGO Actualizado:

¿Qué se exige a una buena mezzo soprano en el repertorio más tradicional de ópera italiana? Entre los ingredientes para la receta del éxito está el estilo, la garra, la llamada italianitàdel intérprete, que no mastique los libretos de Verdi o Donizetti y les saque el jugo necesario. La técnica, claro, necesaria para salir airosa de las indicaciones de las partituras, aprovechar la media voz, saber apianar o proyectarse hacia arriba cuando haya que cantar en forte. Pero sin duda, una buena mezzo debe tener cubierto todo su rango vocal, tanto arriba en el agudo como, sobre todo, abajo en el grave. Es decir, una mezzo de verdad a lo Simionato o Cossotto, y no los sucedáneos que frecuentan los escenarios, esas sopranos cortas, que bajan un escalon para maquillar sus limitaciones.

En el páramo vocal en que se encuentra el grueso de la lírica en el viejo continente, irrupciones en los últimos años como la de Elina Garanca son un soplo de aire fresco, una ventana a la esperanza de que todavía quedan cantantes de garantías. La mezzo letona, a sus treinta y cinco años, ha traspasado el umbral de las promesas para convertirse en una realidad, recorriendo una trayectoria impecable, marcada por el sentido común en el desarrollo de la misma, sabiendo qué elegir y qué posponer para más adelante.

A comienzos de la pasada década empezó a hacerse un lugar en los repartos de los principales teatros europeos interpretando roles mozartianos como el Sesto de La clemenza di Tito o la Dorabella del Cosi fan tutte. La crítica se fijó en ella tras una memorable Rossina de El barbero de Sevilla en el Metropolitan de Nueva York, y para entonces ya se había hecho un nombre en el repertorio belcantista italiano. En su haber, roles complejos como la Adalgisa de la Norma, el Romeo de Capuletti i Montecchi, la Angiolina de La Cenerentola o la Charlotte del Werther, ésta ópera ya del romanticismo francés.

Su siguiente y arriesgado salto lo dio en 2009, encarnando a la fogosa Carmen bizetiana, que llevó por toda Europa y forjando una explosiva pareja junto al tenor francés Roberto Alagna. Este mismo año se la pudo escuchar en el Liceu de Barcelona como toda una Jane Seymour que dio la réplica a la Anna Bolena de una diva como Edita Gruberova —el papel que más se le ha escuchado este año y que en 2012 llevará al Met—. Su próximo reto será encarnar en la Deutsche Oper de Berlin a Leonora de Guzmán en La Favoritade Donizetti, uno de esos roles que consagran cantantes. Eso, si el temprano embarazo que anunció hace unas semanas respeta su calendario. Y por delante, una progresión parsimoniosa que habrá de conducirla a encarnar los grandes roles de mezzo verdiana, esos dulces llamados Azucena (Il Trovatore), Amneris (Aida) o Eboli (Don Carlo). Todo a su debido tiempo.

Ante su debut del mismo en la próxima temporada, traerá algunas arias al concierto de esta noche en el Auditorio de Galicia, en el que también presentará su último disco «Habanera», compuesto por romanzas de zarzuela. En el foso y al frente de la Real Filarmonía, su marido, el director Karel Mark Chichon. El programa se completa con una selección de arias de óperas como Carmen o La Gioconda.

Esta actuación es el primer concierto del ciclo Galicia Classics dedicado al 800 aniversario de consagración de la Catedral de Santiago. De este modo, la ciudad acogerá los conciertos de Mischa Maisky el 7 y 9 de junio, así como del director Daniel Barenboim del 8 de julio.