la lupa

Feijóo, como Felipe II

Por mucho que se ojee no se encuentra en el panorama gallego a ningún oponente con capacidad de liderazgo, credibilidad y, sobre todo, coherencia

alfredo aycart
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COMO a Alberto Núñez Feijóo sólo se las ponían a Felipe II. El presidente de la Xunta —y por extensión el partido que dirige— ha sido uno de los dos grandes beneficiados —el otro es el andaluz Javier Arenas— de la victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba en el congreso del PSOE. La derrota de Carme Chacón lo es también de los oponentes internos a Manuel Vázquez: Francisco Caamaño, que respaldó abiertamente a la ex ministra de Defensa de José Luis Rodríguez Zapatero, y Abel Caballero, el alcalde díscolo que se verá obligado a atemperar sus salidas de tono.

En contrapartida, el actual inquilino de la Xunta se ve obligado a afrontar la que puede considerarse como una de las cuatro más terroríficas y globales recesiones de la historia. No le falta razón cuando sugiere que no ha recibido ni una sola buena noticia económica desde que accedió a la presidencia de la Comunidad. Crisis estructurales superpuestas a inabordables casuísticas coyunturales que se llevarían por delante a cualquier gobernante menos sensato y con una oposición algo menos deteriorada.

No es el caso. Por mucho que se ojee no se encuentra en el panorama gallego a ningún oponente con capacidad de liderazgo, credibilidad y, sobre todo, coherencia, que puedan competir con las que amueblan el bagaje intelectual del titular del Ejecutivo autónomo. Al menos en esta generación, y visto el control del aparato de ambas formaciones, en las sucesivas, salvo que se produzca una implosión regeneradora.

El problema es que la mediocridad se ha instalado en los dos partidos que configuran la oposición. El BNG, que llegó a encabezarla en tiempos de José Manuel Beiras, ha preferido situarse en la caverna más decimonónica, con guardianes de las esencias como Guillermo Vázquez o Bieito Lobeira cuyo sectarismo galopante solo es comparable al autoritarismo que impregna una forma de entender la política como instrumento para imponer sus creencias a la mayoría social que las rechaza.

Por su parte, no ha tenido el socialismo gallego nunca un dirigente con tan escaso peso específico como el actual, cuyo único mérito es saber situarse, siempre, al lado del caballo ganador, por muy pírrica que sea la victoria. Al margen de esa habilidad definitoria de su personalidad cambiante, el Vázquez socialista es una perita en dulce para Feijóo. Un líder incoherente en un partido dividido es todo un regalito para tiempos de dificultades.

La última del desnortado es el patético esfuerzo que realiza para prolongar unos meses más la legislatura al exigir a Alberto Núñez Feijóo que adelante las elecciones. El viejo truco de buscar el efecto contrario de lo que se solicita juega, una vez más en contra de los intereses de la Comunidad que requeriría de un Gobierno regional reforzado en las urnas ante la dureza de las medidas que habrá que adoptar en el corto plazo. A Vázquez lo único que parece importarle es contar con tiempo suficiente para que el deterioro económico haga decaer las elevadas expectativas electorales del PP.