Efecto 3D en estado puro

El espectáculo de luz y sonido de los Fuegos del Apóstol se repetirá en pequeño formato hasta el próximo sábado 30 de julio. Todos los días a las 23:30 horas en el Obradoiro

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SANTIAGO

A pesar de que faltó la tradicional quema de la fachada, el espectáculo de luz y color en este 800 Aniversario de la Catedral de Santiago no defraudó a las miles de personas que se congregaron a sus pies para disfrutar de un efecto 3D en estado puro. Tenía razón Francisco Javier Sánchez, director General de Producciones y Diseño (GPD), filial del grupo Acciona, encargada del montaje, cuando afirmaba que «nunca se ha hecho un esfuerzo técnico y artístico tan grande». Todo un derroche de saber hacer tanto a nivel multimedia como pirotécnico, y que supuso la noche del 24 de julio la mejor antesala de los últimos tiempos en el Día Grande Galicia. De enhorabuena están las más de 125 personas que han estado detrás, cumpliendo con creces las expectativas previstas. Todo un impacto para el público supuso la recreación histórica del templo compostelano.

No quedó rincón sin cubrir de la capital gallega en el que se pudieran seguir los fuegos; desde la Alameda, lugar en el que se tiene una vista privilegiada de la fachada de la catedral, y también desde la ladera del monte Pedroso. Por vez primera en la historia, se utilizó la tecnología tridimensional aplicada a la proyección sobre monumentos con la técnica denominada «mapping», que permitió lograr efectos de movimiento con un gran realismo y sensación de volumen, llegando el templo a desaparecer con efectos nunca vistos hasta el momento.

Los encargados de diseñar el espectáculo consiguieron con maestría hacer revivir al público el itinerario histórico de la Catedral, en el que se recreó un bosque celta encantado, se contempló el traslado del Apóstol en una barca de piedra navegando sobre el agua y se abrió el interior del templo para mostrar al público el sepulcro de Santiago. Además, se simuló un incendio de la basílica y la aparición del Pórtico de la Gloria.

En el momento final del espectáculo surgió el botafumeiro, la fachada se cubrió de humo y la catedral se transformó en un órgano gigantesco.