el garabato del torreón

Alfredismo sin red

juan soto
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Alguna Casa del Pueblo todavía se bendice con un retrato de El Abuelo en gorra menestral. Pero la marca del partido está sometida a un intenso proceso de adaptación al medio desde que Isidoro aprovechó la excursión a Suresnes para achicharrar a Llopis. Eso sucedía en 1974, si bien el protocolo de supervivencia no ha dejado de aplicarse desde el mismo momento de su fundación entre las frascas de Valdepeñas y las croquetas de sebo de Casa Labra.

Ni siquiera la firma ha permanecido inalterable en una organización que pasó sin inmutarse de la picadura de liar a los cohíba cinco estrellas. En las tertulias ya nadie llama socialismo a este fárrago de honrada infantería disuelta en un magma de alcaldes enladrillados, diputados cleptómanos, progres con brillantina, vendedores a comisión, txivatos, feministas sudadas y otras ovejas merinas. Al invento de Vera e Iglesias se le dice últimamente alfredismo y su sistema periférico funciona a través de reproductores en línea.

El alfredismo es, en efecto, el hodierno ismo del PSOE. Una novedad no sólo terminológica, sino conceptual. Antes de ahora, al socialismo se le llamó sucesivamente colaboracionismo, posibilismo, escapismo o revanchismo. Demasiados ismos para un partido cuyo santo fundador se bastaba con la modestia lexicografía del arte de imprimir. Pero ya Largo Caballero dejó de lado los escrúpulos para ser consejero de Estado con la Dictadura de Primo. En toda tierra garbancera, esta variedad de impudor se tilda de Colaboracionismo.

Pasados los cuarenta años de vacaciones, el regreso del PSOE a la palestra fue precedido de algunas irreverentes renuncias: primero a la República, luego al marxismo y finalmente a la honradez como principio inexcusable. Los autores adictos llaman Posibilismo a este admirable ejercicio de acomodación y avenencia, asombrosamente útil en términos de rentabilidad electoral y, por lo que se ha visto, altamente productivo a la hora de devengar beneficios contables.

También el Escapismo es un rebautizo del socialismo de los tiempos modernos. Hasta hace pocas legislaturas se practicaba en el departamento de Interior, cuando era costumbre mirar para otro lado cada vez que al terrorismo de Estado se le iba la mano y alcanzaba sus objetivos secuestrando a Marey o encalando a Lasa y a Zabala. Ya con González en la hamaca, el socialismo evasivo acabó por empapar todas las comparecencias públicas de Zapatero, cuya contumacia elusiva le llevó a negar la existencia de una crisis económica incluso cuando el país ya había pasado de la ruina al escombro.

El socialismo sustantivado como Revanchismo es también de reciente evolución. Se trata de aplicar a la acción política el código del ajuste de cuentas. A estos efectos, el desenlace de la Guerra Civil fue definitivo. De modo que el desquite no cesará hasta que el ejército de Vicente Rojo entre victorioso en Madrid.

Con todos esos ismos se forja el Alfredismo. Quizá a los artífices de la campaña en red se les haya olvidado.