LA GARITA DE HERBEIRA

El alcalde de Cedeira

La Galicia más noble, amable, hermosa de alma, entrañable y hospitalaria con el forastero ya estaba representada en esa Cedeira

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Existe una persona de gran vocación política que puede ser considerada el alcalde de Cedeira por antonomasia. Lo ha sido durante muchos años, con algunas interrupciones, cuando las urnas no le han proporcionado por unos pocos votos la mayoría absoluta necesaria en Galicia para formar gobierno. Lo es nuevamente desde el 22 de mayo pasado. Me refiero al ex senador Leopoldo Rubido, cuyos vecinos agradecen una y otra vez su constante amor a la bonita villa marinera situada en la preciosa ría de su nombre y en la que se encuentran joyas paisajísticas como la sierra de la Capelada, la punta Candelaria, el santuario de san Andrés de Teixido, o la impresionante Garita de Herbeira, emplazada sobre un acantilado de más de seiscientos metros sobre el majestuoso océano que la rodea.

Si el amable lector me permite un ejercicio de nostalgia, he de recordar la primera vez que visité la villa con mis padres hace más de cuarenta años. La Galicia más noble, amable, hermosa de alma, entrañable y hospitalaria con el forastero ya estaba representada en esa Cedeira que sorprendentemente para nosotros tenía las puertas de las casas abiertas sin temor. Que luego se ha ido trasformando a lo largo del tiempo, pero evitando feísmos y excesos que afean irremediablemente otros lugares de la costa gallega. En gran parte gracias al cuidado y buen gusto de Leopoldo, su alcalde.

En ese paisaje singular existían entonces figuras cuyos restos descansan hoy mirando al mar. Personas nobles que cada uno a su modo, con su inteligencia, esfuerzo y dedicación pusieron las bases del desarrollo de Galicia sin las que no hubieran sido posibles los logros de hoy. Y cuyo recuerdo debemos conservar porque representan el legado de la mejor memoria histórica. El saber hacer, el esfuerzo por la convivencia pacífica, por ganarse la vida de modo honrado. Sofía, acaso nunca un nombre resultó más acorde con una serena conducta personal, esposa de marino mercante, magnífico arquetipo de las virtudes y fortaleza del matriarcado gallego. Leopoldo, Sebo, Víctoria, Talao… Este último, el famoso restaurador de El Náutico, era todo un personaje, digno de la glosa de Camba o Fernández Flórez. Durante la época de veda se sabía que se estaban comiendo percebes porque las persianas estaban bajadas o porque el apreciado marisco se subastaba fuera y no dentro de la lonja.

Desmintiendo a geólogos e ingenieros, una vieja leyenda explica que la ría de Cedeira nació de un suspiro de Dios, cansado de los trabajos de la Creación. Sobre todo de la península Ibérica tan tumultuosa, pasional y levantisca. Deseamos mucha suerte a Leopoldo, el alcalde reelegido, en su intento de seguir siendo guardián del Paraíso.