«El ajuste debe empezar por los cargos públicos y las instituciones»
Rafael Louzán, presidente de la Diputación de Pontevedra - somoza
ENTREVISTA A RAFAEL LOUZÁN

«El ajuste debe empezar por los cargos públicos y las instituciones»

Defensor a ultranza de las corporaciones provinciales, que considera vitales para eliminar desigualdades entre vecinos del rural y de las ciudades, el presidente de la Diputación de Pontevedra subraya la necesidad de acabar con las duplicidades entre las administraciones

alfredo aycart
pontevedra Actualizado:

El más veterano de los presidentes de diputaciones gallegas se lamenta de la descomposición de PSOE y BNG, que convierte al PP en el único partido que, a su juicio, se preocupa en estos momentos por resolver la crisis. En una amplia conversación con ABC, Rafael Louzán defiende la imposición de un criterio de austeridad en el funcionamiento de todas las instituciones.

—El presidente de la CEG, Antonio Fontenla, ha reclamado recientemente la desaparición de las Diputaciones para reducir el costoso engranaje institucional.

—No es la persona más indicada para hablar de recortes. En este país ya sobran grandes hombres dispuestos a dar lecciones de austeridad mientras siguen viviendo de alguna manera del apoyo de las instituciones. Si se trata de suprimir gastos, podríamos estudiar que patronal y sindicatos cubrieran los suyos con las cuotas de sus afiliados y replantearse la idoneidad de las ayudas que reciben de los diferentes Gobiernos. Por poner un ejemplo, aunque la Xunta ha reducido el número de liberados sindicales, seguimos estando por encima de la media nacional. Es importante que haya paz social, pero nos interesa mucho más sacar este país adelante.

— Pero el fondo de la cuestión... ¿Tiene sentido mantener las Diputaciones?

—Yo voy a hablar solo de lo que conozco. En Pontevedra se están mancomunando servicios. La Diputación lidera servicios que aisladamente serían inasumibles para los ayuntamientos y para los vecinos en particular. Se trata del suministro de energía eléctrica, de telefonía, de los bomberos. Es es el camino. Está claro que el PP cree en el papel de las diputaciones. Lo que tenemos que hacer es evitar duplicidades, solapamientos entre las Administraciones. Es el camino que nos queda, y las instituciones tenemos que dar ejemplo y no exigir a los ciudadanos lo que no nos aplicamos como responsables políticos. El ajuste debe empezar por los cargos públicos y las instituciones.

— También se habla de las fusiones de Ayuntamientos...

— El Gobierno y el Parlamento tienen la última palabra sobre la composición del mapa administrativo en toda España para que cada uno sepa lo que tiene que hacer. Desde luego, la Xunta de Alberto Núñez Feijóo y esta Diputación provincial nos hemos adelantado en la adopción de medidas inevitables en el marco de austeridad.Dicho esto, de los 62 Ayuntamientos de Pontevedra, en los que por cierto ha ganado en todos el PP, sólo hay uno de menos de 2.000 habitantes, el de Mondariz- Balneario, que presenta un superavit de 360.000 euros en sus cuentas anuales, lo que demuestra que lo importante es gestionar bien. No preveo que esta provincia necesite unir municipios. En España hay más de 8.000. Solo en Burgos hay 300, más que en toda Galicia. Tendrán que tomar decisiones quienes necesiten adoptarlas.

— ¿Es necesaria una redistribución de competencias, que incluya movimientos de recentralización y descentralización?

—Hemos pasado de tener que ceder todo a las Comunidades Autónomas a tener que devolver las competencias asumidas. No se pueden dar esos bandazos. El tema está en la necesidad de descentralizar y de resolver la situación de los concellos. No puede ser que los Ayuntamientos tengan que estar siempre de pedigüeños ante el Gobierno, la Xunta, las diputaciones provinciales o la Unión Europea. Son ellos los que garantizan servicios por ser la administración más próxima a los ciudadanos. Yo pediría que se diera preferencia a la labor que realizan.

— Pero está claro que el actual engranaje institucional es insostenible. Hay organismos, como el Consello Económico y Social, de utilidad más que discutible mientras se exigen sacrificios a los ciudadanos.

—Es evidente que hay cosas que son prescindibles. En algunas Comunidades Autónomas, órganos como ése ya no existen ahora mismo. Lo cierto es que para ganar credibilidad, los políticos tenemos que adoptar algunas decisiones. Galicia es abanderada en ese sentido, aunque aún quedan cosas por hacer.

— Instituciones inútiles y subvenciones y ayudas indiscriminadas, como las que antes comentaba para empresarios y centrales sindicales.

—Los ciudadanos se cabrean mucho con todas esas circunstancias, y se cabrean mucho más cuando ven cosas como que algunos responsables de entidades financieras se llevan diez ó doce millones de euros mientras miles de ciudadanos han depositado su dinero creyendo que estaba asegurado en unas entidades financieras y que ahora parece que hay problemas para que se les devuelva. Somos un país de extremos... Parece que hay más de 100.000 leyes aprobadas, pero no estaban convenientemente reguladas las entidades que reciben dinero del Estado.

—Cierto. Quizás por eso los ciudadanos entienden que los políticos son un problema. ¿Es razonable que se ocupen de cuestiones como el Concordato con el Vaticano o el matrimonio homosexual en la actual situación de crisis?

—No es congruente. Pero hay una gran diferencia. El PSOE ha ido a un Congreso de confrontación, después de semanas de críticas internas, en el que el único mensaje que se ha transmitido es que hay que revisar el Concordato. Son expertos en plantear estrategias para desviar la atención. El debate en el PP sobre el matrimonio homosexual es una cuestión menor cuando todos los esfuerzos están absolutamente centrados en la solución de la crisis. En este momento hay una cuestión trascendente para el PP, que es intentar generar confianza para crear empleo y riqueza cuanto antes. Nos han dejado un edificio en prácticamente en ruinas y todos nuestros esfuerzos se centran en apuntalarlo, para recuperar el prestigio perdido y volver a la senda del crecimiento. Y este país va a aguantar, porque sabe que cuanto más tardemos en tomar medidas y promover reformas, más perjuicios causaremos en el futuro.

Dicho esto, hay que recordar que la Iglesia recibe del estado la mitad que los sindicatos y realiza una labor social impagable. Antes de revisar el Concordato habría que revisar todo lo demás.

—Los dos partidos de la oposición andan estas semanas envueltos en un clima de confrontación interna. ¿Le preocupa que las diferencias lleguen a provocar la inestabilidad en las instituciones?

—En estos momentos, el PP es el único partido que está preocupado por sacar adelante Galicia. El PSOE ya hemos comentado en alguna ocasión que está en descomposición, ocupado en sus luchas internas. También el BNG, en plena fractura interna. Es evidente que esos dos partidos tienen muy poco que ofrecer a la sociedad si son incapaces de entenderse ellos mismos. Es evidente que el PP también puede cometer errores, pero es el único que se preocupa por el desarrollo de la Comunidad.

— Dos nombres propios: Abel Caballero y Manuel Vázquez. ¿Les ve con capacidad para liderar una alternativa a Alberto Núñez Feijóo?

—No lo digo yo. El ex presidente Touriño dice que éste es el momento del cambio de políticos y de políticas. Cuando tus propios compañeros discuten tu liderazgo en esos términos, es evidente que la credibilidad que puedes transmitir a los ciudadanos como candidato a la presidencia de la Xunta es nula. En cuanto a Abel Caballero, es un ególatra que se autodefine en su defensa de un localismo de otros tiempos basado en el enfrentamiento con el resto del mundo.