Luis Villares, en el Parlamento
Luis Villares, en el Parlamento - EFE
GALICIA

Villares salva la portavocía de En Marea hasta las municipales

Nadie habló con carácter previo con Anova ni con Esquerda Unida, y sin embargo, se quiso hacer creer a la opinión pública que había un acuerdo firme para relevar a Villares

SantiagoActualizado:

Filtraron a última hora de la tarde del lunes que forzarían una reunión de grupo parlamentario para destronar a Luís Villares como portavoz de En Marea, pero a Podemos se le olvidó consensuar una jugada tan drástica con el resto de actores políticos críticos con el magistrado en excedencia. Nadie habló con carácter previo con Anova ni con Esquerda Unida, y sin embargo, se quiso hacer creer a la opinión pública que había un acuerdo firme para relevar a Villares.

Ante la falta de apoyos para un movimiento tan definitivo, Podemos dio marcha atrás a su iniciativa unilateral y enterró su ofensiva contra el portavoz, al menos hasta que pase la cita de las municipales de mayo. Para evitar la imagen de derrota, los diputados morados de En Marea maniobraron para que se celebrara de todos modos la reunión del grupo, de la que salió un esperpéntico comunicado de parte, ya que cinco de los catorce representantes de la confluencia se negaron a apoyarlo, entre ellos el propio Villares. En una segunda versión del comunicado se omitió cuántos diputados asumían el texto.

En esta nota se avanzaba que «el grupo parlamentario de En Marea inicia una reflexión colectiva para consensuar la fórmula concreta en la que se va a materializar la nueva estructura de la portavocía», pero minutos más tarde el todavía portavoz negó a los periodistas que pueda ser relevado de su cargo, ya que los diputados no tienen esa competencia, que estatutariamente residiría en el Consello das Mareas.

El texto acordado por los críticos —y que Villares eludió explicar por ser ajeno a su contenido— considera que «no tiene ningún sentido que actúe como portavoz único» el magistrado en excedencia, al que le afean que ya no represente a todo el espacio político sino solo al partido En Marea, «muy minoritario», con el que concurrió a las pasadas elecciones generales con unos resultados desastrosos.

«Una vez más las cúpulas de los partidos le quieren imponer el ritmo de trabajo a todo un espacio político, no hay respeto ninguno a la organización de En Marea», reprochó Villares a Podemos, «no se ha adoptado ningún acuerdo porque no contaron con nadie y han puesto a las mareas municipales de uñas». «Ha sido una torpeza política de primer nivel», añadió, «nos causa un daño de imagen a las puertas de un proceso electoral, es una irresponsabilidad, este no es momento para intrigas ni revanchismos».

Cuentas erradas

Los cálculos iniciales de Podemos para desbancar a Villares eran estos: a favor de esta jugada estarían, teóricamente, Luca Chao, Paula Quinteiro, Carmen Santos, Julia Torregrosa, Marcos Cal (todos de Podemos), Ánxeles Cuña (independiente), Flora Miranda (Compostela Aberta), Manuel Lago y Eva Solla (Esquerda Unida) y Antón Sánchez (Anova). Por el contrario, el actual portavoz sumaría el apoyo de sus fieles en el grupo, Pancho Casal, Davide Rodríguez y Paula Vázquez Verao. Pero las cuentas, en realidad, no eran esas.

Según fuentes del espacio rupturista consultadas por ABC, ni Miranda, ni los diputados de Esquerda Unida ni el portavoz de Anova estarían a favor de impulsar ahora este golpe, situándose en la abstención. Sánchez se desmarcó a través de Twitter: «Tiempo para el análisis político (...) y centrarse en apoyar a las mareas en las municipales (...) El resto puede esperar», en referencia implícita al relevo de Villares. En esta espiral de improvisación se llegó al punto de señalar a Manuel Lago como nuevo portavoz sin que nadie se dirigiese a él previamente para siquiera consultarle su disponibilidad.

Durante todo el día se sucedieron contactos y negociaciones en el seno del fracturado rupturismo. Por un lado, Esquerda Unida intentó ejercer de mediador para que Podemos diese marcha atrás en su intentona, o que al menos la pospusiera hasta después de las municipales, de modo que no se enrareciera el debate de la campaña con el enésimo capítulo de líos internos. Del controvertido comunicado se extrae esa lectura, aunque Villares se niega a asumir fecha de caducidad alguna en sus responsabilidades.

«Sería una irresponsabilidad por mi parte, en pleno proceso electoral, tomar una decisión» sobre su continuidad como portavoz, señaló Villares. Su intención firme es la de no dimitir de ninguna manera a pesar de la asfixiante presión de los críticos. Villares tampoco se ha quedado parado, a la vista de la amenaza que se cierne sobre él. El Consello de las Mareas, reunido de urgencia el lunes, estudió la posibilidad de expulsar a los diputados que quieran derrocar al portavoz fuera de los cauces reglamentarios y enviarlos al grupo mixto. Al astracán rupturista todavía le quedan más capítulos.